a la intemperie

si volviera, ahora.
si de pronto
escuchara su voz entre los gritos
si viniera a mí con su sonrisa pálida
con ese débil deambular por la calle querida.

si me viera ahora
apoyada aquí, en el silencio, a oscuras,
con las teclas en blanco,
esperando una señal translúcida,
un signo,
que me permita sacar las manos de la madriguera,
los pasos de este camino áspero
donde el amor yace desnudo, a la intemperie,
resistiendo la muerte
frente al sol arrogante de febrero.

pero no, es mejor que no vuelva
que no hable
que no repita mi nombre
con aquella armonía de los tangos tristes.

aquí también hay profanadores de tumbas
hay emboscadas, poesías que agonizan
y muñecas despedazadas
en los andenes de las estaciones.

aquí también está prohibido
oír el trino de los colibríes.

es preferible que se quede
en aquel país de espejos intangibles,
aunque la tarde lo aprisione en las rendijas.

aquí hay carceleros de hierro
que huelen a pantano
que lastiman el alma a dentelladas
y pintan con sangre carteles de sosiego
en las puertas de las jaulas.

no quiero que regrese a esta fogata de huesos,guarida de los lobos.

no sé si son flores o palabras,
no sé qué crece en la memoria de las piedras
pero es mejor que no regrese.
es mejor que intente un jardín,
una plegaria,
un poema que lo invente, todavía,
con su traje de luces,
con su mirada buena.

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Autor: 
Ana Gervasio
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