El cielo y la tierra son belfos

El día es de color jamón por fuera
y hay nubes saburrosas
sobre el lugar desmurallado.
El sol, proléptico, colea
y la calle rebosa especies
cuyos orines no drena el alquitrán.
La bendición es indistinta, en masa.
                El polvo, superior jaez.
Es tan bonito que dan ganas
de patear lo moral bello,
os juro que hay, sin turno, espera mansa,
burros a las puertas del kebab.
Qué pintan los animales ocupando
la avenida
              cuando matanza es solo ya vocablo
pero cuelgan gallardetes, suena enero en las campanas,
y las naranjas bordes yerran.
No sabes sino que estás feliz como
para repartir judías —tú que no has pastado
ni has tenido perro— pensando
que darías tu reino
por conocer a fondo el mundo del parásito
y hacerte una yurta de duros maxilares
—tú que no has comido cardos.
Ves en crin cosmogonía, piensas que vives
en medio de un hocico, una
bola de nieve meneada.
«Somos cebada en este estómago gigante».

 

Sección: 
Autor: 
Guillermo Morales Sillas
Número: