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Ir a Contenido Febrero de 2004 - Año 1, No. 1 |
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RAFAEL ESCOBAR DE ANDREIS
MIRADA DE SOMBRAS
A TIMOTHY MCVEIGH
Habla, Timothy Mcveigh
antes que una inyección,
te lleve plácidamente hasta el abismo.
No tienen más arma,
los verdugos modernos,
que una jeringa,
en otros casos, agente de cura o salvavidas.
Habla, diles que no naciste
de un huevo,
te hizo la sociedad opulenta
y tú colaboraste con uno u otro ladrillo.
Un obsesivo entreno te volvió
buen soldado.
En la guerra del Golfo te colgaron medallas
por matar enemigos.
El diligente contacto con
los explosivos
te hizo hábil, meticuloso, preciso,
para lograr grandes devastaciones.
Pregúntales por qué
unas muertes sí
y otras no.
Habla, Timothy,
ten confianza en tus verdugos,
pide lo que apetezcas sin exceder los veinte dólares
y come tranquilo tu último helado de menta
con chispas de chocolate,
nadie piensa envenenarte,
se estropearía la función.
Pregúntales por qué
te convertiste
en el miembro podrido que se debe amputar.
Deja tu arrogancia, Timothy
y diles que te cuenten
sobre el paraíso que será la sociedad opulenta
cuando tú ya no estés.