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Ir a Contenido Febrero de 2004 - Año 1, No. 1 |
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VICTOR
GAVIRIA
LA MAÑANA DEL TIEMPO
POEMA DEL BORRACHO GLORIOSO
No sé si es por la
forma de su cara,
o porque el aguardiente (también la cerveza, el
brandy o el ron)
le hace tomar una mirada esquiva e inocente,
no sé si es por esa invulnerabilidad de los
borrachos, que tanto hace gozar
a las muchachas del campo cuando se caen,
que ríen por cualquier cosa que se salga de lo común,
mal del que viven enfermas...
No sé si es porque dice la verdad escueta
de los borrachos antes de perder el habla durante
la noche (silencio de los grandes árboles,
chismes y locuacidad de las hierbas menudas);
no sé si es porque tropieza en los terrones de tierra
negra o se hunde con una pierna más corta en las
acequias,
como los payasos que escasean por estas fincas...
No sé si es porque se tambalea
rozando las cercas de matarratón, y mueve las aspas
de los brazos como el motor más mareado
de las nubes, y ancla en cualquier estrecha sombra
de un sauce alargado,
o porque cancela siempre con generosidad
las copas que enneblinan, y paga mejor aún la
vitrina de vidrio
ordinario que se parte en cien pedazos
bajo sus brazos de piedra pesada,
como se parte en mil estrellas el pensamiento
emocionado
del borracho que atraviesa el claro túnel del
mediodía:
naranjas, botellas de agua, limones y limas
austeras, copas mojadas de los árboles y copas de
cristal diminuto
de las mesas de campo,
venid a socorred al distraído menor, al borracho
de las horas, al soltero de los días, al novio sin
pasaje para
la puerta de su novia...!
Pero el borracho dormitó
y despertó con tal ímpetu
que fue hasta
las casas de sus conocidos y los llamó como si
fueran sus
amigos de años, lo que los envaneció, porque en el
campo poco
preguntan por cualquiera,
y algunos se fueron abrazados con él,
hasta que al atardecer todos desaparecieron,
como los niños que llaman a comer...
Pero cuando todos lo abandonaron se quiso guiar
por el faro
de las ventanas,
que son engañosas porque en la noche todas se
parecen
entre sí, y prometen reuniones que no pueden ser
porque hay niños,
y después de las nueve nadie volvió a verlo,
desapareció como los que se van
a la ciudad en el último bus,
o como las piedras
que el aire se come en el solar