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Abril de 2008 - Año 5, No. 12

 

TRES POEMAS DE JUAN GUSTAVO COBO BORDA

EN EL ALBA RISUEÑA DE LA RISA

La risa,
jubilosa compensación,

Alborotado clarín
de fiesta compartida.
La risa, desbordante, clandestina,
yendo más allá de sí misma
en su atolondrada recuperación
de un desafiante estropicio.
Contagiosa travesura pícara
desnuda ya de todo control,
freno o prejuicio.

Asombrada de que decir apenas
“monstruo” o “linda”
desate tal cataclismo irreprimible.
La liberación exultante
de esa sucia mortaja de los días.
Incongruencia dichosa,
bálsamo que siempre cauteriza,
envuelta en música.
La risa, sin motivo,
necia, torpe
y felizmente irreprimible.

 

MADRE SOLTERA PIENSA EN SU HIJA

A Nayva

Cadáveres de amores extintos,
por euforia o venganza,
resurgen cuando un nuevo amor
los saca a flote.
Qué terquedad maligna en la memoria
o cuan dulce persistencia
cuando el rostro de la hija
deja traslucir,
cada día de modo más nítido,
el rostro del padre fugitivo.
No es posible borrar
esa ceguera felíz
estropeada luego por temor,
cobardía, abogados
y recriminaciones
pero la vida termina por asumir
el mismo error que produjo
sin resquicio por el cual colarse
a un nuevo latigazo de desdén ó ira.
Solo resta mirar a los ojos
el nuevo huracán que sacude
y acudir temprano a la impostergable cita.
Al renovado error
que nos recibe
con todos los pendones desplegados
de su tembloroso júbilo.

DEJA VU

Busco preservar
lo íntimo de tu respiración,
dulce primero, urgida luego.
La experiencia
que ha vuelto a ser inocencia.
Delicado abandono
que cerrando las cortinas
llena de sol el cuarto
y se ahoga exultante
en esa marejada oscura.
En medio de tal pacto
a la vez deseado e imprevisto
- dos rutinas que eligen felices
la inquietud y la mentira -
una voz ronca nos susurra,
en la memoria de la piel,
aquellos versos que subsisten:
“tu rumoroso pelo embravecido
y el bosque de tu risa palpitante”.

 

 

 

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