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Julio de 2009 - Año 6, No. 13-14

 

RAFAEL ESCOBAR DE ANDREIS
(Santa Marta, Colombia, 1946)

Nace el 21 de febrero de 1946 y vive en Cali hace más de treinta años. Es médico de la universidad del Cauca y Anestesiólogo de la Universidad del Valle. En los años 1981-1982 formó parte, en Cali, del grupo editorial de la revista literaria Luciérnaga Cuentos suyos fueron publicados en el Magazín de Asmedas, hoy Asomeva, en los años ochenta. Actualmente es codirector de la revista de poesía Clave Ha publicado: A la espera del alba- Relatos (1995), Mirada de sombras - poemas (2001), Entre el mar y el olvido - poemas (2005), "Navidad en familia" cuento que forma parte de la Segunda antología del cuento corto colombiano, publicada por la Universidad Pedagógica Nacional. Primera edición, 2007, Bogotá. Compiladores: Guillermo Bustamante Samudio y Harold Krémer; Miembro del Taller Literario El Palabreo de la Universidad Santiago de Cali


VELADA

Días después de la reunión
duerme debajo de la mesa
la cuerda que cayó al quitar los velos
del regalo que le hizo su hija.
Sigue allí sin que nadie la levante
como si al hacerlo un encanto acabara.
Si dejáramos todo igual después de la fiesta:
las copas con las huellas de labios,
los palillos con que cada uno pinchó las aceitunas,
las migas de pan y crispetas que no acataron
el ansia de las bocas,
las colillas de los cigarrillos y la forma
como cada cual apaga el fuego y riega la ceniza.
Si no corriéramos a lavar y dejar todo como estaba
¿Podríamos tener una reunión que perdurara en la
memoria? ¿Vendrían por su cuenta frases, comentarios,
risas?
¿Se escucharían canciones?
¿Reemplazarían los objetos a las personas?
Quizá hasta podríamos repetir la velada
sólo con las cosas y los gratos recuerdos.


AL MEJOR POSTOR

Hubiera sido mejor
prodigarle cuidados,
envenenar los demonios que poco a
poco lo vencían por dentro,
o conseguir un huésped
con manos de ángel
que tañera la pesada arpa.
Hubiéramos podido contemplarlo
año tras año caerse a pedazos,
el despeñe de las teclas como regalo,
sería un desfile armónico de notas.
No fue la mejor solución
que una borrasca de pesos desteñidos
lo alzara por los aires
dejándonos los bolsillos medio llenos
y un silencio vacío.

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