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Julio de 2010 - Año 7, No. 15

Carlos Patiño Millán

Una infancia mejorada

Carlos Patiño Millán

Es un poeta, cuentista, periodista y profesor universitario nacido en Cali, Colombia en 1961. Es profesor asociado de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad del Valle desde 1997. Dirige la revista Entreartes de la Facultad de Artes Integradas de la misma universidad.

Libros publicados

Canciones de los días líquidos (Poesía, 1992)
Tocando las puertas del cielo (Cuentos, 1996)
El jardín de los niños muertos (Poesía, 1998)
La tierra vista desde la luna (Poesía, 1999)
Más canciones sobre amor, odio y perros (Poesía, 2000)
El día en que le volé un dedo a David Gilmour (Prosas, 2001)
Estaba en llamas cuando me acosté (Poesía, 2002)
Inclínate ante la madera y la piedra (Cuentos, 2006)
Hotel Amén (Poesía, 2008).

Premios

Primer premio, III Concurso de Cuento, Secretaría de Educación, Cultura y Recreación, Medellín, 1990
Primer premio, Concurso Nacional de Cuento Fernando González, 1994. Finalista, Premio Nacional de Poesía de Colcultura, 1994 Primer premio, Concurso de Poesía Jorge Isaacs, Cali, 1998 Primer premio, Concurso Nacional de Poesía José Manuel Arango, 2004.

 

BAILANDO, DESCALZO

Esta cama: lienzo para tratar casos como el tuyo de los que se presentan cerca de tres cada cien años.
Esta ciudad: no es necesario nombrarla a cada instante.
Artista imaginario, compatriota de nadie, cuerpo silente.
Esta casa: sus cimientos serán destruidos y reconstruidos por legiones romanas.
Un hombre desnudo baila en plena plaza. En el suelo, la toga viril y la cordura.

 

VESTIGIOS DE FIESTAS DE FIN DE AÑO

Me siento tentado a hacerlo: señalar el camino a la cabaña con mi orina.
Te cuidas de no pisar las estrellas de mar, las botellas, las conchas afiladas, mis comentarios.
Hay una hoguera de risas y Juan y Claudia y Mauricio y Liliana corren a bañarse desnudos en la helada bandeja del agua.
Son casi las doce de la noche; recibiré enero tumbado en una hamaca, de espaldas a los movimientos de la arena.

 

BESOS DE DESPEDIDA A UNA MUERTA DE MI PROPIA SANGRE

 

Me dejó cantando: ayer, viva; hoy, bajo metros de tierra. Estuvimos juntos el verano, hasta ayer. La desgracia no la dejó cruzar la calle.
Puedo decir que el avión cayó en algún lugar del campo. Decir que son de plomo las alas de los ángeles que la sacan del sitio. Que su bicicleta escupía felicidad cada tarde. Puedo decir que el fulgor de su risa no se desvanecerá. Decir que aun el co- razón más hostil acoge amor humano. Que su voz no se perderá entre las otras.
O que murió. Y que no hay más.

 

LA RUINA DE UNA PROMESA

 

Enderezar la vida, tanto como a un árbol. Lo que iba a ser, torcido. Una luz brillante, oscura.
Pronto vendrán las vacaciones, te veré. ¿Me enseñarás a volar? No seas malo, di que sí.
Lenta marcha hacia el suplicio. Quienes lo conocieron, voltean el rostro. Lo que iba a ser, árbol oscuro.

 

MUJER DESNUDA, DE PIE

Madre trajo un cadáver a casa. ¿Qué haces?, preguntó Padre. Madre me señaló y dijo: que él lo diga.
Hace unos años, esa mujer que yacía desnuda en la sala y yo fuimos amantes. Remonté ríos oscuros con ella; ahora su nombre ni siquiera era rasgo inquietante del pasado.
No veo a nadie ahí, dije. Homero difícilmente pudo ser ciego, contestó Madre. Padre abandonó la casa.
Salí al patio a cavar una tumba. No volvimos a mencionar el asunto.
Sobre ella, un árbol erguido. En la rama más corta, la promesa de unos frutos que ya reventarán. Dentro de las semillas, el silencio que susurra el viento.

 

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