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Julio de 2010 - Año 7, No. 15

Mark Strand

Versiones de Armando Ibarra

 

POESÍA ALIMENTICIA

La tinta se chorrea por las comisuras de mis labios.
 Nada se parece a esta felicidad.
He estado comiendo poesía.

La bibliotecaria no cree lo que ve.
Tiene una mirada triste
y camina con las manos en los bolsillos del vestido.

Los poemas se fueron.
La luz dejó de brillar.
Los perros están en las escaleras del sótano
y comienzan a trepar.

Los ojos desorbitados,
las patas doradas relucen como brochas.
La pobre bibliotecaria comienza a zapatear y a llorar.

No entiende.
Cuando me arrodillo y le chupo la mano,
grita.

Soy un hombre nuevo.
Le gruño y le ladro.
Me voy a jugar con qué gozo en la penumbra libresca.

 

EL HOMBRE Y EL CAMELLO

A punto de cumplir cuarenta
me senté en el portal a echar humo
cuando de ninguna parte aparecieron
un hombre y un camello. Al comienzo ninguno
dijo nada, pero a medida que bajaban por la calle
y se alejaban del pueblo, comenzaron a cantar.
Aunque sus cantos todavía son un misterio:
palabras confusas y una melodía
demasiado adornada, de fácil olvido.
Se adentraron en el desierto
y a medida que se alejaban, sus voces
se elevaban al unísono sobre el sonido cribador
del viento lleno de arena. La maravilla de su canción,
esa mezcla escurridiza de hombre y camello, parecía
una representación ideal de todas las parejas singulares.
¿Sería esta la noche por la que había esperado
tanto tiempo? Quería creer que así era,
pero en el preciso momento en que iban a desaparecer,
el hombre y el camello dejaron de cantar, y regresaron al pueblo
al galope. Se pararon frente al portal,
mirándome, y sin quitarme los ojos de encima, me dijeron:
“Lo echaste a perder. Lo echaste a perder para siempre”.

 

MI MADRE EN U N A NOCHE AL FIN AL DEL VERANO

1

Cuando la luna sale
y unos cuantos establos resisten el azote del viento
 en las cúpulas bajas de las colinas
y relucen con una luz
velada y polvosa
que flota sobre los campos,
mi madre, con el pelo recogido en una moña,
el rostro en las sombras, y el humo
del cigarrillo enroscándose cerca
del esplendor amarillento de su vestido desteñido,
se queda de pie al lado de la casa
y contempla la filtración de la luz tardía
que cae atravesando las juncias,
la mirada ahuyenta los últimos islotes
de nubes grises, y el viento
encrespa las cenizas del abrigo de la luna
sobre la bahía en sombras.

2

Pronto, las persianas cerradas de la casa
proyectarán el brillo de la lámpara
tendiendo pequeñas alfombras
dentro de la niebla, y la bahía
comenzará su ruidosa respiración agitada
y los pinos, florones de pináculo llenos de hilachas
que trepan las lomas, parecerá que pastan
los apagados rescoldos del cielo.
Y mi madre se quedará mirando los caminos de estrellas,
los interminables túneles del vacío,
y a medida que los contemple,
bajo el hechizo de las horas,
pensará en cómo las tempestades mudas del deterioro
nos doblegan todas las noches
y rasgan la carne desplegable,
y no sabrá por qué está aquí
o qué es lo que la mantiene prisionera
a no ser que sean los condicionamientos del amor
los que la metieron en esto.

3

Mi madre se retirará a sus aposentos
y los campos, las piedras desnudas
seguirán a la deriva en calma, criaturas mínimas
 —el ratón y la lagartija— dormirán
en los extremos opuestos de la casa.
Sólo el grillo estará despierto,
repitiendo su única nota estridente
a las tablas podridas del portal,
a los anjeos oxidados, al aire, a la oscuridad sin estructura,
al mar que se resguarda dentro de sí.
¿Por qué mi madre debería despertar?
La tierra aún no es un jardín
que vayan a revolver. Las estrellas
todavía no son campanas que suenen
en la noche por los desparecidos.
Es muy tarde.

 

LA LLEGADA DE LA LUZ

Aunque sea tan tarde, ocurre:
la llegada del amor, la llegada de la luz.
Te despiertas y las velas están encendidas
como si nadie las hubiera prendido,
las estrellas se congregan, los sueños se derraman en las almohadas
levantando tibios ramilletes de aire.
Aunque sea tan tarde los huesos del cuerpo brillan
y el polvo del porvenir estalla en el aliento.

 

SIN TÍTULO

Con respecto al poema “El primoroso”, que cayó en tu bolsillo
y comienza así, ”Todo el tiempo pienso en nosotros, los superhumanos,
el modo en que volamos por los alrededores diciendo:
“Hola, soy tal y tal, y ¿Quién eres tú?”

Han pasado años desde que hiciste el esfuerzo por leerlo. Pero ahora
en esta leve luz lavanda bajo la sombra de los pinos, la ocasión
pinta buena. El polvo de una pasión, lo único que queda al fondo
de la página son las oscuras migajas de las imágenes. Y era hermosa,
y el poema, pensaste en aquella ocasión, también.

La lavanda se vuelve ceniza. Las nubes desaparecen. ¿Ahora
dónde está? ¿Y dónde está aquel muchacho que se paraba horas
afuera de su casa, que aprendió demasiado tarde que algo siempre
está a punto de ocurrir en el momento preciso en que no sirve para nada?

 

ME VA A EN CANTAR EL SIGLO XXI

La cena se estaba enfriando. Los huéspedes, con la esperanza de tener
encuentros comunes y casuales, impersonales y rápidos, yacían despatarrados
en las habitaciones. Las papas estaban duras, los fríjoles blandos, ¿y la carne?
No había carne. El sol de invierno había dorado los olmos y las casas.
Los venados bajaban por la carretera como refugiados;
y en el camino de acceso, los gatos se calentaban sobre el capó de un automóvil.
Entonces un hombre se volteó y me dijo:
“Aunque me encanta el pasado, la oscuridad que alberga, la pesadumbre que no
nos enseña nada, la pérdida, todo el peso que no pregunta nada, me va a encantar
el siglo XXI más, porque veo en él a alguien en bata de baño y sandalias, de ojos
café y pobre, que camina por entre la nieve apenas dejando algo así como una pisada”.

“Ah”, le dije, colocándome la gorra, “Ah”.

 

EL MATRIMONIO

El viento llega de polos opuestos,
en un lento viaje.

Ella voltea en lo profundo del aire.
Él camina en las nubes.


Ella se alista,
se sacude el pelo,

se maquilla los ojos,
sonríe.

El sol calienta sus dientes,
con la punta de la lengua los humedece.

Él sacude el polvo de su traje
y se acomoda la corbata.

Él fuma.
Pronto se encontrarán.

El viento hace que se acerquen.
Se saludan.

Más cerca, más cerca.
Se abrazan.

Ella arregla una cama.
Él se quita los pantalones.

Se casan
y tienen un hijo.

El viento los lleva
por caminos diferentes.

El viento es fuerte, piensa él
a medida que se arregla la corbata.

Me gusta este viento, dice ella
a medida que se viste.

El viento se suelta.
El viento es todo para ellos.

 

EL NUEVO MANUAL DE POESÍA

1    Si un hombre entiende un poema,
se meterá en problemas.

2    Si un hombre convive con un poema,
morirá en soledad.

3    Si un hombre convive con dos poemas,
le será infiel a uno.

4    Si un hombre concibe un poema
tendrá un hijo menos.

5    Si un hombre concibe dos poemas,
tendrá dos hijos menos.

6    Si un hombre mientras escribe lleva puesta una corona,
será descubierto.

7    Si un hombre mientras escribe no lleva puesta una corona,
no engañará a nadie sino a sí mismo.

8    Si un hombre se enfada con un poema,
los hombres lo despreciarán.

9    Si un hombre sigue enfadado con un poema,
las mujeres lo despreciarán.

10  Si un hombre condena a la poesía en público,
se le llenarán los zapatos de orines.

11  Si un hombre renuncia a la poesía por el poder,
será poderoso.

2  Si un hombre alardea de sus poemas,
será el preferido de los tontos.

13  Si un hombre alardea de sus poemas y prefiere a los tontos,
no volverá a escribir.

14  Si un hombre anhela reconocimento por sus poemas
será como un borrico bajo la luz de la luna.

15  Si un hombre escribe un poema y alaba el poema de un colega,
tendrá una hermosa amante.

16  Si un hombre escribe un poema y alaba en exceso el poema de un colega,
hará que su amante lo deje.

17  Si un hombre se apropia del poema de otro,
su corazón doblará en tamaño.

18  Si un hombre deja que su poema vaya desnudo,
le tendrá miedo a la muerte.

19  Si un hombre le tiene miedo a la muerte,
será salvado por sus poemas.

20  Si un hombre no le tiene miedo a la muerte,
puede que sus poemas lo salven, o no lo salven.

21  Si un hombre termina de escribir un poema,
se bañará en el rastro vacío de su pasión
y el papel en blanco lo besará.

 

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