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Julio de 2011 - Año 8, No. 16

 

Felipe García Quintero

Felipe García Quintero
(Popayán)

RES

I.

La vaca muerde la hierba
y su aliento estremece la luz del polvo lunar.

Temblorosa es la música entre sus patas,
hondo el respirar del viento.

La cola que aparta las moscas
flota, rema.

II.

La vaca llama a ser vista por sus grandes ojos abiertos.
La lentitud y no la hierba es lo que cavila en la paciente sombra.
Tiento la tierra que la junta al cielo.
Montaña de sólo aire el pensamiento donde se despeña el silencio.

III.

Arriba en la montaña,
inmóvil, una vaca sola pasta.

A su sombra mis ojos buscan refugio.

La vaca mística de la infancia
sobre el llano alto, casi en las nubes.

Un poco de ese fulgor toca mis manos,
sólo entonces, en cada piedra, el horizonte nuevo.

LA CABRA

Como Umberto Saba, he hablado a una cabra. Y como hoy yo mismo, estaba sola en el prado, atado, como ella también de noche, a un viejo lazo, ahíto de hierba. Bañado por la lluvia, igual, balaba.

Ese su balido, como ahora el poema, era fraterno a mi dolor. Será porque yo hablé primero que la cabra entonces se acalló. Y porque el dolor es eterno, dice el poeta, tiene una sola voz y nunca cambia.

 

 

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