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Julio de 2011 - Año 8, No. 16

 

POESÍA Y TRADUCCIÓN

Czeslaw Milosz
(1911 - 2004)

ESSÉ
(Brie-Comte-Robert, 1954)

Cuando miré ese rostro, quedé mudo. Las luces de las estaciones del métro pasaron volando.  No me di cuenta. ¿Qué podemos hacer si nuestra mirada carece del poder para devorar objetos en el éxtasis del instante, dejando tan solo el vacío de una forma ideal, una señal como el dibujo simplificado de un jeroglífico de animal o ave? Una nariz algo respingada, la frente alta con el cabello bien acicalado y peinado hacia atrás, la línea del mentón —¿pero,  por qué el poder de la mirada no es absoluto?— y en una blancura matizada de rosa la escultura de dos hoyuelos, lava reluciente. Someterse al yugo de ese rostro pero al mismo tiempo tenerlo contra el telón de todas las ramas del verano, las paredes, las olas, en el llanto, la risa, remontándolo quince años atrás, o treinta adelante. Poseer. No es siquiera un deseo. Como una mariposa, un pez, el tallo de una planta, solo que más misterioso. Y también me ocurrió que después de tantos intentos por nombrar el mundo, solo soy capaz de repetir —insistiendo con un harpa de una sola cuerda, la más alta—, la única concesión que ningún poder conquista: soy, es. Griten, toquen las trompetas, hagan marchas multitudinarias, brinquen, rásguense las vestiduras, repitiendo únicamente: ¡es!
Se bajó del tren en Raspail. Me dejó atrás con la enormidad de las cosas reales. Una esponja, sufriente porque no puede empaparse; un río, sufriente porque los reflejos de las nubes y los árboles no son nubes ni árboles.

ME DESCRIBO CON SINCERIDAD, CON UN VASO DE GÜISQUI, EN UN AEROPUERTO, DIGAMOS QUE EN MINNEAPOLIS

Mis oídos cada vez perciben menos las conversaciones, y  mis ojos se han debilitado, aunque aún son insaciables.

Contemplo sus piernas entre minifaldas, pantalones, telas ondulantes.

Las detallo una a una, las nalgas y los muslos, las fantasías de la pornografía hacen que me tenga demasiada confianza.

Viejo verde, te llegó el momento de la sepultura, no estás para los divertimentos y pasatiempos de la juventud.

Pero hago lo que siempre he hecho: crear escenas terrenales obedeciendo órdenes de la imaginación erótica.

No es precisamente que desee a estas criaturas; deseo todo, y ellas son como un indicio de la unidad del éxtasis.

No tengo la culpa de que nos hayan hecho así: mitad contemplación desinteresada, mitad apetencia.

Si algún día lograra entrar al Cielo, allá debe ser como aquí, con la diferencia de que ya no sería esclavo de mis torpes sentidos y mis pesados huesos.

Transformado en contemplación pura, absorbería, como antes, las proporciones del cuerpo humano, los colores del arco iris, un atardecer de junio en una calle de París, todo eso incomprensible, incomprensibles los innumerables objetos frente a mis ojos.

PARA RAJA RAO

Raja, desearía conocer
la causa de ese padecimiento.

Durante muchos años, no pude aceptar
el lugar donde me hallaba.
Sentía que debía estar en un sitio diferente.

La ciudad, los árboles, las voces de los hombres
no tenían la característica de la presencia.
Me movía la esperanza de seguir adelante.

En otro lugar había una ciudad de presencias reales,
de árboles reales y voces y amistad y amor.

Vincula, si así deseas, mi caso particular
(en los límites de la esquizofrenia)
con las esperanzas mesiánicas
de mi civilización.

Inconforme con la tiranía, inconforme con la república,
en la primera echo de menos la libertad,
en la segunda que se acabe la corrupción.

Construyo en mi mente una polis permanente
privado para siempre del bullicio sin rumbo.

Por lo menos aprendí a decir: esta es mi casa,
aquí, frente a los carbones encendidos de los atardeceres del mar,
en la orilla que da contra las orillas de tu Asia,
en una gran república, moderadamente corrupta.

Raja, esto no alivia
ni mi culpa ni mi vergüenza.

La vergüenza de haber fallado
de convertirme en quien he debido.

La imagen de mi ser
crece como un gigante sobre la pared
y contra ella
mi sombra miserable.

Así fue que llegué a creer
en el Pecado Original
que no es otra cosa
que la primera victoria del ego.

Atormentado por mi ego, engañado por él
te propongo, como puedes ver, una discusión rápida.

Te escuché decir que la liberación era posible
y que la sabiduría socrática
es idéntica a la de tu gurú.

No , Raja, debo comenzar desde lo que soy.
Soy esos monstruos que visitan mis sueños
y me muestran mi esencia oculta.

Si estoy enfermo, todavía no hay pruebas
de que el hombre sea una criatura sana.

Grecia tenía que perder, su consciencia pura
tenía que convertir nuestra agonía sólo en algo más punzante.

Necesitamos que Dios nos quiera en nuestra flaqueza
y no en la gloria de la santidad.

No hay salvación, Raja, a mí me corresponden la agonía,
la lucha, la bajeza, el egoísmo, y el auto desprecio,
la oración por el Reino
y las lecturas de Pascal.

DESPUÉS DEL VIAJE

¡Qué rara es la vida!¡Cuán incomprensible! Como si regresara de ella como se vuelve de un prolongado viaje y tratara de recordar dónde había estado y qué había hecho. Casi no puedo enfrentarla, y la parte más difícil es tratar de visualizarme allí. Tengo propósitos, motivos. Tomo decisiones, realizo acciones. Sin embargo, desde aquí aquel hombre parece tan irracional y absurdo. Como si no actuara, sino que fuera puesto en movimiento por fuerzas que lo manipularan. Porque, después de todo, escribí muchos libros, aquí están, y aquí está él; ¿cómo encontrar una conexión sin interrupciones entre él y ellos?

Así que, incomprensible para mí mismo, quisiera adivinar quién fui para los otros, en especial para las mujeres a quienes me unieron lazos de amor o amistad. Demasiado tarde. Somos como un teatro de marionetas anestesiadas. Los títeres yacen enmarañados entre las cuerdas, lo que no da ninguna pista de cómo fue el espectáculo.

 


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