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Julio de 2011 - Año 8, No. 16

 

RODRIGO ESCOBAR HOLGUíN
(Florida, Valle)

PALO DE LLUVIA

Con un atardecer la lluvia sedujo al mar que regresaba del deshielo.
Ecos quebrados, quejas cubrían las arenas,
olas, guijarros, conchas destrozadas.

Aguas adentro la brisa formaba cataratas
dispersas en los flancos de cortinas
hiladas en amor desde las nubes.
Creció la noche y caía sobre la espuma brotando entre susurros.
El dulce océano trepó en el cuerpo de la lluvia y la volvió salada.

Un distraído que no sabía de poderes
los percibió de lejos y los sintió con fuerza.
Quiso guardar consigo toda esa cadencia estremecida.
No hallaba cómo hacerlo.

Caminó mucho tiempo.
Atrás dejaba el móvil llano de costas remojadas.
Subió por una cresta más allá de los cúmulos sombríos.
Había partido a convocar la ayuda de la tierra.

Arriba en la montaña volvió a escuchar el ruido de las olas.
Entre las nieblas iba y venía una brisa habitada de rocío.
Mecía con murmullo de amantes un mar de agudas hojas verdes.

Sintió un arroyo blanco bajar escalas de oscuras piedras y oquedades.

En el suelo la vida mínima y persistente
de mil seres ocultos poblaba un tejido diverso de arcillas y hojas muertas.

Se reclinó vencido de la marcha.
Soñó que ahí yacía la trampa necesaria.
Al volver la vigilia
vio un trozo de amarillo bambú lavado por el tiempo.
En su interior creó de nuevo con espinas
la escalera sonante para el agua, los vientos y el rocío.

Con él hizo el camino de regreso
al sitio del encuentro.

Recogió de la playa los guijarros, las conchas.
Añadió las semillas del monte y las estrellas.
Ofreció ese tesoro prisionero
en el bambú a la dicha del mar y de su amante.

Y sus ritmos quedaron para siempre
en el palo de lluvia.

TRAMPAS DE SEDA

1

Soy una araña.
El viento, los fantasmas y la noche
me acompañaron
a tejer esta red entre las hierbas,
esta estrella de seda.

La hostil piedad de la neblina
ha puesto en ella alertas de rocío.

El sol radiante verá mi homenaje,
y volverá invisibles
mis artes cazadoras.

2

El sol reciente palpa
las curvas de las lomas.

Un vaho se levanta de la tierra
contra la luz, velando la ladera.

Han desbrozado ayer el campo.

No hay hojas verdes ya para el rocío,
sino trampas de seda.

Toda la noche las arañas
han estado tejiendo entre los restos
de helechos y de moras.

Y las gotas se quedan irisando
en las artes translúcidas.

Pero las cazadoras
buscan más que esas joyas cristalinas.

Todo termina cuando
llegan las ruedas de las carretillas
y las húmedas botas
de los que vienen a iniciar la siembra.

3

Soy una araña.
La noche compañera
renueva en su alambique
recuerdos, voces, experiencias.

Con los hilos del sueño
voy tejiendo palabras en el alba.

EL BAÑO DE LAS SERPIENTES

Amanece y es fría la roca de granito.

A la media mañana ya el sol la ha calentado,
 y van llegando las serpientes,
las ranas, los lagartos
a recobrar el brío
que les robó la noche.

Uno por uno
se zambullen después en el arroyo
y vuelven a la roca.

Luego de un tiempo
desaparecen.

De lejos los humanos asombrados
contemplan los rituales
de los dioses reptiles.

Los escultores sueñan.

Llegan a oír al agua susurrando
su amor por esa dura corteza donde fluye.
Cómo quisiera quedar en reposo
sobre la superficie.

Cómo hacer duradera la caricia
de la peña, del viento, del sol y de las aguas
sobre los verdes cuerpos de la vida.

Sueñan cambios de piel sobre la piedra
en un baño sagrado.

Ya despiertos comprenden
la labor necesaria.

Las formas van surgiendo.
Aparecen estanques y canales.
El granito se puebla de recuerdos de dioses.
Ya no es apenas una roca
–es un lugar de ceremonias,
un sitio de mudanzas bajo el cielo –

y los dioses regresan y lo habitan.

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