
En cada puerta
siento tu llegada
A veces
crujen cerraduras
y me oprime la dicha
Parece que vivieras
en el misterio de una llave
Tu cuerpo
es una puerta
de latidos
Mi mano…?
Llave que persiste
en la sombra
Cuando duermes
tu sueño es más grande
que la noche
Que la estampa del día
Que los rostros pausados
en los signos del agua
en siglos de piedra
A Orietta Lozano
El parque es inocente
al lecho frío de las bancas
Al juego de los niños
en el viento
A las palomas celestes
del día
Pero no a la mujer que se orina
en la estatua
Te vas
—ahora—
quizá nunca estuviste
Nada traías
todo me has dado
La indescifrable forma
de sentir el viento
La vendedora de frutas
deja caer una naranja
sobre el pavimento
y estalla un pequeño sol
sin crepúsculo
¿Qué hora es?
Tampoco es mediodía
son todas las horas
en su rostro ungido
y borrado por el viento
La rana de siempre
abastece de párpados
el aire
Puebla el mundo
iletrado
con su canto
venido del último
manantial de sus latidos
Si se tratara de una simple música
para adormecer
a la serpiente,
pero el flautista llora
la desdicha de un mundo
desnudo fatal
una vez perdida la inocencia