Clave 17

Clave Revista de Poesía y Cultura

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Noviembre de 2011 año 8º No. 17

J. J. Junieles

J.J Junieles



EN EL DIARIO DEL SUPERSTICIOSO

No dejo las tijeras abiertas sobre la cama. Procuro no sentarme de espalda a los espejos. Las malas noticias me hacen tocar la madera. Siempre hay hojas de trébol bajo mi almohada. En luna llena echo semillas de mostaza en mis zapatos, mientras rezo la oración que abre los caminos.

Me levanto de una mesa si son trece los comensales. No me acerco a las aves heridas. Nunca pongo mi maletín en el suelo. El gato amarillo que se metió en la casa es una señal de buena suerte (debe salir por un lugar distinto de donde entró, de lo contrario la suerte se devuelve)

Cuando tengo miedo cierro los ojos, cruzo los dedos, cuento hasta cien: no me gusta pensar en lo que viene después de eso.




UN VASO DE AGUA PARA TODOS MIS MUERTOS

Las velas agotan su lumbre frente a la foto del abuelo.
Frente a su rostro un vaso con agua, una presencia extraña en el altar
de esa mesa en la esquina de la sala.

Atraído por el misterio, yo observaba el vaso de agua
desde atrás de un baúl, asustado como un indio que come hielo
por primera vez.
Esperando esos temblores que a veces pueblan el aire, un golpe de luz,
un canto de viento (algo vivo que va pasando).

La luz de otro fuego secreto me hacía inventar vidas en el aire,
todas gritando desde un silencio a manos llenas, como sólo lo haría un
piano en un incendio.

Nadie sabe lo que nadie sabe. Pasaron los años en su río de siempre,
descubrí que todo el tiempo decimos adiós, que aunque las piedras duerman en los lechos de los ríos, hay una sed de adentro que sólo se sacia en sí misma.

Ya no soy más ese niño oculto tras el baúl, pero todavía dejo, todas las noches,
un vaso de agua para la sed de mis muertos.




UN VIEJO VECINO DE LONGUEVILLE INVITA A NICOLE KIDMAN

Ven desde tu tierra roja, desde tu refugio allá en la vieja casa de Longueville,
donde mordías la tela de una muñeca pensando en cosas lejanas.
Entonces yo era tu vecino, un patio y dos mundos más allá.

Aparta la cortina que te separa, asómate, deja que la luz se arrodille
y el mundo se abra como un mantel ante tus ojos, que hacen olvidar el paso
de las nubes. No es el cielo que cae a pedazos, son tus ojos, la delgada
marea de sus párpados; es como ver el mar, y el mar nunca es igual dos veces.

Mis pies conocen el paisaje de tu espejo, soy la sombra que ves pasar
mientras te peinas. Soy quien te llama cuando nadie te está llamando.
No tengas miedo, yo también aprendí a leer a Emily Dickinson en voz baja,
y a no cerrar los ojos de la nuca en ciertas calles.

Un hombre que va solo al cine te está esperando. Existe en este mundo
una ciudad, una esquina, una puerta que espera tus nudillos.
Nadie recuerda el nombre que pronuncia mientras sueña, yo sí,
es tu nombre, que suena como el viento en valles y estaciones apacibles.
Ven y dile adiós al frío, a tus mejillas color de tarde derrotada.
Te enseñaré cómo se cazan las mariposas, y haré que nazcan plumas en tu espalda.




LO QUE NADIE SABE

Mi madre aseguraba que una taza de ruibarbo podía curarlo todo,
hasta los males del amor.

Mi padre pensaba que un poco de dinero era mejor que el ruibarbo y el amor
(además, podía comprar mucho más que eso).

Cuando yo tenía fiebre o estaba triste, ella me daba ruibarbo.
Mi padre me dejaba algunas monedas.

Cuando ella murió él se metió en su cuarto, apagó la luz y sentí que lloraba bajito.
Jamás lo había visto hacer esas cosas y el aire empezó a faltarme.
Toqué la puerta y cuando me abrió dejé en su mano una moneda.




LO AMADOR

No hay matadero sin ruiseñor
ni rosal sin gallinazo.

Me bajo del autobús en una loma
que me deja ver los techos del viejo barrio.
En ellos hay pelotas que se quedaron para siempre,
ruedas de bicicletas, maderos, trapos viejos,
restos de naufragios
a la intemperie.

En los patios las mujeres espantan perros y
aves ajenas, parecen crucificadas en el viento
al abrir sus sábanas en las cuerdas.

Frecuento mi viejo barrio
(su memoria inviolada, quiero decir)
Niñas camino a clases de Corte y
Confección, afiladores de cuchillos,
pregoneros de sal y almíbar.
Rostros abolidos de mi infancia.
Olor de flores de azahar bordando
melancolías, zapatos pisando ausencias.

No hay matadero sin ruiseñor
ni rosal sin gallinazo.

Los autobuses recorren la
orilla de mi barrio en busca de pasajeros.
Hago mi señal, subo a la máquina,
es como si regresara de lo mejor
de mí mismo.




HASTA EL FINAL

La vida es una mujer con sus dos manos para hacer lo que haga falta.
Un marcado aire de familia me une con esta modista que lleva
treinta años frente a una Singer, que escucha radionovelas,
y que aún conserva en un armario los tres ombligos de sus hijos.

¿De qué madera está hecha esta canoa que lleva medio río sin
quejas, y piensa que todo mal lleva al bien amarrado en la cola?
¿Cuántas muertes me faltan a mí para parecerme a ella?,
para decir como dice ella: "Si vives como si tuvieras fe,
la fe te será otorgada."

Años antes de que yo naciera madre colgó una estampa que
aún pervive: Dos niños recogen flores a la orilla de un despeñadero
y un Ángel de la Guarda conjura el peligro con su presencia.

Dime madre con tus ojos el secreto,
dime cómo se llega alegre hasta el final, a pesar de los abismos,
dímelo a mí, que soy la única pluma sucia de tus alas.




Contenido Revista de Poesía Clave 17

Contenido

XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE ARTE DE CALI
POETAS INVITADOS

Ledo Ivo
Marco Antonio Campos
Piedad Bonnett
Alejandra María Lerma García
Luz Andrea Castillo
Carlos Patiño Millán
Robinson Quintero Ossa
J. J. Junieles
Luis Eduardo Gutiérrez
Fabio Ibarra Valdivia
Medardo Arias Satizábal
Miguel Iriarte
Antonio Zibara
Darío Jaramillo Agudelo
Tomás González
Gerardo Rivera
Willian Ospina


ARTES POÉTICAS


Elena Caricati Pennella
Marco Antonio Montes De Oca
Pablo Antonio Cuadra
Alfonsina Storni


EL ARTE DE COMPONER VERSOS


Ledo Ivo

NUEVAS VOCES


María Teresa Victoria Paredes

POESÍA Y TRADUCCIÓN


Bernardo Gómez

COLABORADORES

CLAVE PARA NAVEGANTES