(Ciudad de México, 1932- 2009)
Quién sabe de qué trata este poema
El de ayer ya está roto
El de mañana todavía no lo recuerdo
Mi fuerte no es ver hacia adelante
Además me gusta confundirme
El norte cohabita con el sur
El milagro sirve al caos
Los pájaros echan hojas
El bosque trina incandescencias
Reverbera el campanilleo del leproso
Arrastro nubes de piedra
A cabeza de silla
Seguro de mí no estoy cierto de nada
A cabeza de silla
Enlazo el pegaso que se obstina
Y no desciende:
Soy yo quien cede terreno
El pegaso enlazado me levanta
Abandono la tierra
El poema no tiene por qué tratar de nada
Sólo es espacio que urbaniza y acota la poesía
El poema de hoy aún no comienza
Pero cumple al pie de la letra
La ciencia difícil de su imprecisión
Mucho se labora
Concurren puestas de sol tiradas a cordel
Se planta un muerto a cada veinte metros
Se le tuerce el cuello a la cuerda
Las calles de la aventura
Se ordenan con teodolitos de agua
Yo vuelo en círculos
Paralizado por la cadena
Formada por esos mismos círculos
La poesía funda su nada visible
En el sitio deparado
Loma glauca
Donde un cerco se cierra:
No se mueve el unicornio
Mientras tiembla
Su arquitectura de luciérnaga
Todo termina
Como exhalación o canto
De pétalo frotado
Cuando me viene a la memoria
El poema de mañana.