Clave 17

Clave Revista de Poesía y Cultura

Numeros Revista de Poesía Clave

1 | 2 | 3 |4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17

Noviembre de 2011 año 8º No. 17

Medardo Arias Satizábal

Medardo Arias Satizábal



De un sol que no conozco

(Para Mariangela, pensando en su foto de niña desnuda)

De la tierra que fue fértil
De las carretas que el trigo olvidó
Y bajo los arcos de heniles derrumbados
Vino hasta mí el chachareo de tu infancia
Desnuda bajo un sol que no conozco.

Sonríes al aire de esa tarde
Y esa tu inocencia, es margarita entre los dientes
Como mirar los ríos que sin culpa van al mar
Los viejos caminos que olvidó el imperio.

En una tarde de Hartford, recordé
Tus labios de fresas trituradas
Y esa pequeña desnudez de pájara-zagala
Y te llamé "gusana…"
Eras tan frágil y dulce entre mis brazos
Y así te evoco, ahora que el ruido de la lluvia
Me dice que te amé
Y hubo besos alumbrando este lado del corazón
Hoy sótano en escombros.

Es dulce recordar el pasado
Si el amor regresa para decirte
Que la felicidad fue verdadera
Que hubo un tambor, un mar, una plaza, una canción,
Una gusana cobijada contigo
Bajo la bóveda silente de las estrellas.




La fiebre

En el hospicio, la clara luz
que viene del mar, hiere la mirada.
El hedor de varias guerras ha dejado
manchas de cloroformo en las sábanas
y una energía que viene de lejos
inyecta en mis ojos la fuerza viva
de los magos.
Viejos periódicos vienen a mí
ruedan humosos sobre la rueda
de duendes invisibles.
Aquella unción quema mis manos,
me deja el calor del poder recobrado
hace que el manuscrito se eleve hasta mis ojos.
Salgo después a quemar mis retinas
en el resplandor de las fundiciones;
La noche es árida y húmeda
pero en los muelles no hay guardianes
y la candela sube hasta el cielo de los navíos negros
que llevan automóviles a toda la tierra.
Pronto, el día de los pantanos
me devuelve la errancia por las orillas de espadañas
donde otro día unos galeotes
calafateaban con grasa
de pez amarillo.
Las hijas de Nefertiti
tienen la mirada oscura las piernas fuertes;
caminan gráciles por encima de mi cabeza
Yo, desde el barro, les devuelvo un puñado de sombras.
Ellas llevan azafrán en la cabeza
y el viento del golfo a su favor.
Aquellas miradas sanan,
me devuelven el sonido limpio del agua.




Mi mujer

Mi mujer es judía y china al tiempo
y acaba de mostrarme su uniforme de Girl Scout.
He visto las cintas de colores prendidas a su guerrera
aspirado el olor del tiempo en esta prenda de sus seis años
cuando juró, en un bosque de Toronto,
defender el honor de "la Reina Elizabeta…"
La vio pasar un día, saludando con sus guantes verdes
desde un coche descubierto.
Los niños scouts le hicieron calle
con banderas canadienses.
Mi mujer, a quien amo,
habla un español divertido
y a las cosas menores, de poco valor,
las llama "cachucherías";
a las ganancias, "prófitos".
Hace poco, contemplada como es en sus mimos
reconoció sentirse en mis brazos como una "foca bebé";
mi mujer es así,
leal y seria cuando habla de música,
inventa palabras que vienen de su lengua inglesa
duerme con los lentes puestos
y debo desatar los libros de sus manos
dedo por dedo;
le digo que es la china más divina,
y ella me contempla desde la luz y el silencio.
Amo sus pies, su nariz, sus manos pequeñas que inventan mundos para mí.
Hemos pasado noches enteras zurciendo wantanes
o amándonos debajo del piano.
Ayer me enseñó a pegar un botón,
a planchar camisas
y a sazonar pasta de arroz con salsa de ostras.
Hay un misterio que vaga por la casa
cuando ella decide tocar "Rabo de nube"
o "María Cervantes"
para derretir la nieve.
En las mañanas, muele su propio café.
La encuentro única. Es mi mujer.
Balada con gasolina

Desde la balaustrada despedazada
de esas casas ocres cercanas al muelle
desde los balcones donde una guitarra
tocaba sola su canción de adioses,
bajaban a mi niñez
-palomas ciegas-
las ropas colgadas al viento,
su escenario rítmico
de teatrillo de títeres,
los barquichuelos viejos
donde un motorista cojo
sacaba lluvia y gasolina de su lanchón de adioses.
Sobre la bahía,
un pisacorbata oxidado
oscilaba como un péndulo
para proclamar el fin de la peste,
y en la colina, en la iglesia
consagrada a un santo italiano,
la torre liberaba música de armonio.
Sigo ahí, cuarenta años después
sin guarecerme de los recuerdos.
Estoy desnudo debajo de ellos,
escribo con esta tinta
mezcla de combustible
pitos de remolcador
sangre, lágrimas y pájaros difuntos.




RAZONES PARA ESTAR VIVO

Puedo dar fe de la pulpa de las peras,
del jugo lechoso de las manzanas amarillas,
del vino rojo, espeso y dulce de los mangos
escurriendo entre mis dedos,
del perfume edénico del limonero
en la medianoche de las neblinas
y de esta fragancia frutal que me lleva
por el aire del trópico
frutanauta encantado.
Puedo dar fe, otra vez,
de las mandarinas que nos presienten
desde sus cascos de suave almíbar
de los aguacates que se pliegan a las cucharas
con la suavidad de un beso,
del melón en la nítida luz de la mesa,
de las guanábanas abiertas en la tierra
desgajadas al mundo desde su leve madurez,
de los zapotes derramados a la avidez del ojo,
su fibra de miel desnuda,
su impúdica pulpa
exhibida en la carreta
entre al ardoroso atardecer de un lunes santo.
Puedo dar fe del viscoso almíbar de los caimitos,
de su néctar más hondo.
¡Ah!, qué decir de las badeas,
su frondoso techo vegetal
sobre nuestro vocerío infantil,
sus jugos saciados por la sed de los pájaros,
perfume ventilando el recuerdo.
También sé que las piñas guardan
la húmeda serenidad de azúcares recónditos,
que la papaya juega a ser humilde
y es doncella de insospechadas lujurias.
Me perdonan las frutas que ahora no puedo recordar,
pero la carne tierna de las pipas,
cocos mecidos en el parto de las palmeras,
confirma otro motivo para estar vivo.
Doy gracias por el agua del coco
dulce como tus pezones
entre el sueño de las sábanas,
bebida silvestre a la boca del errante,
agua destilada del océano,
savia venida del corazón de las ballenas.
gracias doy por estos dones;
gracias, muchas gracias!




Contenido Revista de Poesía Clave 17

Contenido

XV FESTIVAL INTERNACIONAL DE ARTE DE CALI
POETAS INVITADOS

Ledo Ivo
Marco Antonio Campos
Piedad Bonnett
Alejandra María Lerma García
Luz Andrea Castillo
Carlos Patiño Millán
Robinson Quintero Ossa
J. J. Junieles
Luis Eduardo Gutiérrez
Fabio Ibarra Valdivia
Medardo Arias Satizábal
Miguel Iriarte
Antonio Zibara
Darío Jaramillo Agudelo
Tomás González
Gerardo Rivera
Willian Ospina


ARTES POÉTICAS


Elena Caricati Pennella
Marco Antonio Montes De Oca
Pablo Antonio Cuadra
Alfonsina Storni


EL ARTE DE COMPONER VERSOS


Ledo Ivo

NUEVAS VOCES


María Teresa Victoria Paredes

POESÍA Y TRADUCCIÓN


Bernardo Gómez

COLABORADORES

CLAVE PARA NAVEGANTES