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Ir a Contenido Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3 |
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PENSAMIENTO
Y POESÍA
(Fragmento)
MARÍA
ZAMBRANO
...hoy poesía y pensamiento
se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades
del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero
en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía.
En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual.
En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser...
Es en Platón donde
encontramos entablada la lucha con todo su vigor, entre las dos formas de la
palabra, resuelta triunfalmente para el logos del pensamiento filosófico,
decidiéndose lo que pudiéramos llamar "la condenación
de la poesía"...
Desde que el pensamiento
consumó su "toma de poder", la poesía se quedó
a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada diciendo a voz en grito todas
las verdades inconvenientes; terriblemente indiscreta y en rebeldía...
"En el principio era
el verbo", el logos, la palabra creadora y ordenadora, que pone en movimiento
y legisla. Con estas palabras, la más pura razón cristiana viene
a engarzarse con la razón filosófica griega...
Diríase que el pensamiento
no toma la cosa que ante sí tiene más que como pretexto y que
su primitivo pasmo se ve enseguida negado y quién sabe si traicionado,
por esta prisa de lanzarse a otras regiones, que le hacen romper su naciente
éxtasis...
Y así vemos ya más
claramente la condición de la filosofía: admiración, si,
pasmo ante lo inmediato, para arrancarse violentamente de ello y lanzarse a
otra cosa, a una cosa que hay que buscar y perseguir, que no se nos da, que
no regala su presencia. Y aquí empieza ya el afanoso camino, el esfuerzo
metódico por esta captura de algo que no tenemos, y necesitamos tener...
Algunos de los que sintieron
su vida suspendida, su vista enredada en la hoja o en el agua, no pudieron pasar
al segundo momento en que la violencia interior hace cerrar los ojos buscando
otra hoja y otra agua más verdadera. No, no todos fueron por el camino
de la verdad trabajosa y quedaron aferrados a lo presente e inmediato, a lo
que regala su presencia y dona su figura, a lo que tiembla de tan cercano...
¿Cuál era
esa diferente manera de ver ya la cosa...? ¿Cuál era este poseer
dulce e inquieto que calma y no basta? Sabemos que se llamó poesía...
Y desde entonces el mundo se dividiera, surcado por dos caminos. El camino de
la filosofía, en el que el filósofo impulsado por el violento
amor a lo que buscaba abandonó la superficie del mundo, la generosa inmediatez
de la vida...
El otro camino es el del
poeta. El poeta no renunciaba ni apenas buscaba, porque tenía. Tenía
por lo pronto lo que ante sí, ante sus ojos, oídos y tacto, aparecía;
tenía lo que miraba y escuchaba, lo que tocaba, pero también lo
que aparecía en sus sueños, y sus propios fantasmas interiores,
mezclados en tal forma con los otros, con los que vagaban fuera, que juntos
formaban un mundo abierto donde todo era posible. Los límites se alteraban
de tal modo que acababa por no haberlos. Los límites de lo que descubre
el filósofo, en cambio, se van precisando y distinguiendo de tal manera
que se ha formado ya un mundo con su orden y perspectiva...
El camino de la filosofía
es el más claro, el más seguro; la filosofía ha vencido
en el conocimiento pues que ha conquistado algo firme, algo tan verdadero, compacto
e independiente que es absoluto, que en nada se apoya y todo viene a apoyarse
en él...
Mas también es ostensible,
que en los pasajes más decisivos (Platón en la República,
el Banquete, Fedón) cuando aparece ya agotado el camino de la dialéctica
y como un más allá de las razones, irrumpe el mito poético...
El que dice que "la filosofía es una preparación para la
muerte" abandona la filosofía al llegar a sus umbrales ypisándolos
ya casi, hace poesía y burla. ¿Es que la verdad era otra? ¿Tocaba
ya una verdad más allá de la filosofía, una verdad que
solamente podía ser revelada por la belleza poética; una verdad
que no puede ser demostrada sino sólo sugerida por ese más que
expande el misterio de la belleza sobre las razones? ...
En todo caso Sócrates
con su misterioso "demonio" interior y su clara muerte, y Platón
con su filosofía, parecen sugerir que un pensar puro, sin mezcla poética
alguna, no había hecho sino empezar...
La poesía perseguía,
entre tanto, la multiplicidad desdeñada, la menospreciada heterogeneidad.
El poeta enamorado de las cosas se apega a ellas, a cada una de ellas y las
sigue a través del laberinto del tiempo, del cambio, sin poder renunciar
a nada...
¿Es que acaso al
poeta no le importa la unidad? ¿Es que se queda pegado vagabundamente
-inmoralmente- a la multiplicidad aparente, por desgana y pereza, por falta
de ímpetu ascético para perseguir esa amadadel filósofo:
la unidad? ...
Hemos anotado en las líneas
que anteceden, las divergencias del camino al dirigirse el filósofo hacia
el ser oculto tras las apariencias, y al quedarse el poeta sumido en estas apariencias...
Quien ha alcanzado la unidad
ha alcanzado también todas las cosas que son, pues en cuanto que son
participan de ella o en cuanto que son, son unas...
Hay que salvarse de las
apariencias, dice el filósofo, por la unidad, mientras el poeta se queda
adherido a ellas, a las seductoras apariencias. ¿Cómo puede, si
es hombre, vivir tan disperso?...
De no tener vuelo el poeta,
no habría poesía, no habría palabra. Toda palabra requiere
un alejamiento de la realidad a la que se refiere; toda palabra es también,
una liberación de quien la dice... Quien habla, aunque sea de la más
abigarrada multiplicidad, ya ha alcanzado una suerte de unidad...
Ya hemos mentado algo afín,
muy afín de la poesía, pues que anduvieron mucho tiempo juntas,
la música. Y en la música es donde más suavemente resplandece
la unidad. Cada pieza de música es una unidad...
Así el poeta, en su poema crea una unidad con la palabra, esas palabras que tratan de apresar lo más tenue, lo más alado, lo más distinto de cada cosa, de cada instante...
Pero hay, por el pronto,
una diferencia; así como el filósofo si alcanzara la unidad del
ser, sería una unidad absoluta, sin mezcla de multiplicidad alguna, la
unidad lograda del poeta en el poema es siempre incompleta; y el poeta lo sabe
y ahí está su humildad: el conformarse con su frágil unidad
lograda... de ahí ese espacio abierto que rodea a toda poesía...
El filósofo quiere
lo uno, porque lo quiere todo... el poeta quiere una, cada una de las cosas
sin restricción, sin abstracción ni renuncia alguna...
La cosa del poeta no es
jamás la cosa conceptual del pensamiento, sino la cosa complejísima
y real, la cosa fantasmagórica y soñada, la inventada, la que
hubo y la que no habrá jamás. Quiere la realidad, pero la realidad
poética no es sólo la que hay, la que es; sino la que no es; abarca
el ser y el no ser...
El poeta no se afana para
que de las cosas que hay, unas sean, y otras no lleguen a este privilegio, sino
que trabaja para que todo lo que hay y lo que no hay, llegue a ser. El poeta
no teme a la nada...
El poeta alcanza la unidad
en el poema más pronto que el filósofo. La unidad de la poesía
baja enseguida a encarnarse en el poema y por ello se consume aprisa... el logos
de la poesía es de un consumo inmediato, cotidiano; desciende a diario
sobre la vida... Mientras que el de la filosofía es inmóvil, no
desciende y sólo es asequible a quien puede alcanzarlo por sus pasos...
"Todos los hombres
tienen por naturaleza deseo de saber" dice Aristóteles al comienzo
de su Metafísica...
La poesía no se planteó
a sí misma, no se estableció a sí misma, no comenzó
diciendo que todos los hombres necesitan de ella. Y es una y es distinta para
cada uno...
Por eso la unidad a la que
el poeta aspira está tan lejos de la unidad hacia la que se lanza el
filósofo...
Y es porque el poeta no
cree en la verdad, en esa verdad que presupone que hay cosas que son y cosas
que no son... De ahí que frente a un hombre de pensamiento el poeta produzca
la impresión primera de ser un escéptico. Mas, no es así:
ningún poeta puede ser escéptico, ama la verdad, mas no la verdad
excluyente, no la verdad imperativa, electora, seleccionadora de aquello que
va a erigirse en dueño de todo lo demás...
La verdad filosófica
era adquirida paso a paso esforzadamente, de tal manera que al arribar a ella
se siente ser uno, uno mismo, quien la ha encontrado. ¡Soberbia de la
filosofía! Y la unidad y la gracia que el poeta halla como fuente milagrosa
en su camino, son regaladas, descubiertas de pronto y del todo, sin rutas preparatorias,
sin pasos ni rodeos...
¿Cómo teniéndola (la verdad) no ha sido la filosofía el único camino del hombre desde la tierra, hasta ese alto cielo inmutable donde resplandecen las ideas? El camino sí se hizo, pero hay algo en el hombre que no es razón, ni ser, ni unidad, ni verdad -esa razón, ese ser, esa unidad, esa verdad-.
MARÍA ZAMBRANO, Filosofía
y poesía
Fondo de Cultura Económica