Ir a Contenido
Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3

 

MEMORIA DE LA NADA
AMPARO ROMERO VÁSQUEZ

TODAS LAS LUNAS PARA MI PENUMBRA

Nací una madrugada
ilusoria como el oro.
Largo y delgado era mi cuerpo
blanco como el goce
como el laberinto generoso
como el río que era mi madre.
Desde siempre fui la más triste
tenía el alma de ceniza y lava
y al mismo tiempo era agua y paraíso.
Para entonces ya llevaba mi cruz
el fulgor de un talismán entre mis manos
toda la sangre entre mi sangre
y todas las lunas para mi penumbra
y la palabra para gemirme
para perderme mía.
Sé que esa mañana alguien escribió mi nombre
en ese instante fui la loba para aullar tres veces
fui mi carne densa y tibia y mi alimento
me bebí el reino de los hombres
y aquí estoy padeciéndolo
en este simulacro de dioses y de reyes
terribles como espadas.
Nací desafiando a los otros
expiándolos
cuidando mi pudor como una isla secreta
tocándome
escribiéndome
con mi mano a la espera.
Y aquí estoy como un trueno
absolutamente convencida
de qué feliz me haría mi muerte.

Regresar a la página principal