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Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3

 

SERENIDAD SITIADA
CARLOS FARJARDO FAJARDO

LOS PATIOS

En la tierra madura de capote
las chicharras plantaron sus chillidos.
Mi madre cosió muchos ojales
mirando a través de la cortina
aquel limonero que en el patio maduraba.
De tarde en tarde
llegaban las visitas,
se reunían en torno a las macetas
del blanco mediodía.

Con los primeros vientos
el ligero lagarto se escabullía entre los muros
y las ropas, sostenidas en alambres,
se desplomaban
tal como sucediera con sus dueños.

A lo lejos
se oía el rumor de los hijos
¿O sería la lluvia cantando en los aleros?
Mientras tanto el limonero,
aún dormido,
se arrulla con ese cascabel mágico de aguas.

LAS HORMIGAS

Allí está aquel limonero devorado por hormigas
que salvaron muros e inundaron las ventanas.
Fueron trepando hasta el corazón de la casa
atravesando neumáticos
que sirvieron alguna vez de salvavidas.
Ágiles treparon por blancas paredes
con sus patas vidriosas
perseguidas por lagartos.
Cuánto no luchó la madre
por detener sus voraces triunfos
llevándose la flor más linda de la cuadra.

Todavía van por los jardines
que soportan esta casa.

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