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Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3

 

 

CENIZAS EN EL CIELO

Por JULIÁN MALATESTA

Quizá se hayan dicho todas las cosas que podrían definir un libro. No obstante con frecuencia se reclama para él una suerte de coherencia, de hilo conductor que nos ofrezca a nosotros los lectores cierta seguridad y por qué no decirlo, la superstición de que nos encontramos frente a un objeto que tiene la propiedad de atrapar el tiempo. Sin embargo, en estas épocas de la velocidad y del reino de lo efímero, de la obsolescencia y del asalto simultáneo de todas las cosas, ese objeto llamado libro ha perdido las propiedades que lo hacían venerable en el pasado, y aunque en esa costura de un solo lado donde se anudan los papeles, persista la idea de un antes y un después, de un pasado remoto, un presente inmediato y un aire de premonición, realmente lo que permanece allí es el reino de una imagen que está por hacerse, que se halla en movimiento y que sólo el acucioso lector contribuye a su ejecución para su deleite íntimo.

Un libro de poemas es de alguna manera esa constatación,-una geografía en donde se inicia el tránsito de las imágenes y el lector las persigue, las asocia y las introduce en ese avaro diálogo con su propia historia. Desde este lugar, anhelo sea leído el libro que hoy entrego a ustedes.

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