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Ir a Contenido Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3 |
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EL
ABISMO EN CASA
ORLANDO LÓPEZ
VALENCIA
ORACIÓN
Junto al extinto puerto
un emigrante
se inclina y reza:
Señor, permíteme volver,
que se entere que con su recuerdo
sobreviví a todas las mujeres
inconclusas como ella,
como todas las que, abandonadas,
añoran un marido perpetuo y gentil
para la muerte.
EL QUE NUNCA SE DESPIDE
Miró el camino y
se detuvo.
Había fracasado
y volvía a su terruño.
No era un obstáculo la niebla,
él conocía todos los abismos de su tierra.
Cuando abrió el portón
el viejo perro gimió,
avanzó hacia él y se dejó lamer las manos.
Al fondo, ardía la leña en el fogón.
Sus ojos la buscaron ávidos en la penumbra.
Ella desde la niebla espesa
lo miró y tuvo miedo.
Era el mismo fantasma que nunca
la había abandonado.