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Ir a Contenido Agosto de 2004 - Año 1, No. 2-3 |
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LA
BAILARINA SONÁMBULA
JOSÉ
MANUEL ARANGO
(1937 - 2002)
POESÍA
COMPLETA, EDITORIAL UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Hay un texto de José
Lezama Lima en el que aparece una bailarina sonámbula. La frase, como
es frecuente en el escritor cubano, nos sorprende como destello verbal, como
súbito. La bailarina no es asunto de una narración ni motivo de
un poema. Es una imagen que cruza entre una sucesión de imágenes,
un miembro singular en una enumeración de prodigios.
Y, no obstante, resume y
cifra la poética de Lezama. La poesía debe ser un baile. El ritmo,
la música le son consustanciales. Si la prosa corresponde al caminar
llano, la poesía corresponde a la danza. Debe pues empinarse, alzarse
un tanto del suelo, levantarse sobre la prosa de la vida ordinaria como la bailarina
se pone en puntas de pie.
Pero no es un vuelo. La
bailarina no vuela. Es casi como si fuera a volar, a despegarse del suelo, pero
el gesto es a medias irónico, no trata de engañar, no sugiere
ninguna elevación fingida. Así como el baile nace de la marcha,
es como un andar tocado por la música y regulado por el ritmo, así
la poesía debiera nacer de la vida común, de sus situaciones y
experiencias. La bailarina, excepto por la breve duración de un salto,
mantiene los pies en la tierra.
Por otra parte están
ahora, la oscuridad necesaria, el sueño. Es de noche, naturalmente. Sólo
en la noche puede darse el baile de una sonámbula. Tal vez sale a bailar
por las calles, aunque no se sabe de nadie que la haya visto. El baile comienza
en el sueño y en cierto modo se mantiene dentro de él. Pero en
cierto modo es también más que el sueño y se arranca de
él. Es sabida la posición de Lezama frente al surrealismo, hecha
de atracción y de desconfianza, de aceptación y negación.
Él no concebía el poema como fruto de un abandonarse al sueño,
como una ganancia en aguas revueltas. Quería la vigilancia, la búsqueda
activa. La bailarina sonámbula lleva los ojos abiertos.
Y si es verdad que baila
en sueños, también lo es que sus movimientos han sido disciplinados
por un largo aprendizaje, por una cuidadosa artesanía podríamos
decir con una palabra que a Lezama le era grata. Porque la poesía es
como un baile sonámbulo, una conjunción de mesura y de sueño.