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Ir a Contenido Febrero de 2005 - Año 2, No. 4 |
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CORAL
BRASHO
Ciudad de México, 1951
ESE
ESPACIO, ESE JARDÍN
Premio Miguel Villa Urrutia
México, 2003
En las últimas palabras
están contenidas las primeras
I
- Olor de musgo. De gardenias
entre madera mojada. - De barro tibio entre viñedos.
La muerte
es el hilo de oro que enredamos entre los muebles,
entre las plantas límpidas del jardín.
Es la palabra del inicio; es tu risa
colmando
con su fuente la casa, con su cristal sonoro
el ámbito nuevo, eterno;
con su candor resplandeciente, con su ardor matinal;
cada lugar llevado a su raíz por la infancia,
a su clarísima ignición es tu luz; y a tu mirada se abre
lo que aún se enciende.
El tiempo
es un trazo fino
sobre el vasto poliedro.
La muerte,
a gatas entre los muebles,
interpone sus preludios:
las caobas rollizasy advertir al bufón.
- Cae dormido el bufón
sobre el sofá teñido de un verde líquido. - Aguamarina
entre guirnaldas lila.
A su izquierda
la mesita blanquísima.
Sus dedos rozan la moneda de luz.
La sala es el efecto y la
tensión de esa luz,
es su tacto furtivo; el espesor
de un pensamiento, su hilaridad.
- Sobre la cama los juguetes. La llave.
La muerte
es el lugar que se tiende en este objeto compacto
y delicado.
Una clara postura que articula el bufón;
la inclinación
de su cuadrícula.
El brillo suave del mar.
El laberinto
de un nautilus. Su levedad ensimismada
deja su acorde grave, su placidez.
*
(Olor de lluvia al amanecer.
Olor que acerca e ilumina las tejas.
Desde un eje de luz:
el día en que el agua alumbra
el terregal rosado. El resplandor de los arroyos
contra el fluir de la ladera.
El portal de la casa. La clara estancia
de su muerte; y su remanso.
Vimos su sombra descorrerse
en la estancia como en el filo
de un domingo:
el sol licuando las terrazas,
el mar abriendo su lentitud).
*
Esa acendrada magnitud,
esa risa
cristalina la aprehende y la formula aquí. Su desgranada
transparencia. - En el tiempo, su cifra
es un vitral:
Sus infinitas variaciones reflejan
esta irradiada resonancia: el bufón, su vozfijando el escenario,
sus entrañables cortinajes; la luz
que incide en el cristal.
Porque la muerte tiene,
en el torneado corazón
de la vida
encajados sus vértices. Y con ellos inicia y en ellos abre
una extensión:
la del espacio que transcurre.
Mira tu mano.
Mira la moneda girar;
mira los gestos
trabar su espacio, su secuencia. La sensación
de su secuencia;
mira el gesto que engendra
la sensación,
el cuerpo nítido que esboza,
que articula; es un pájaro
arqueado este vacío, es una línea enmarañada
su interludio burlón.
Todo esto
se registra; todo
se desvanece
- En el tiempo que se urde
y se recorre. Todo traba
su gozne; silba
el bufón
su acaecer.
Silba en el bosque
su abrasivo deleite, su irisado
lugar. - Silba su gozo
inextricable.
*La niña
de luz de plata,
bajo la noche transparente,
recibe - como una ofrenda derramada -
los dibujos del mar.
Tiene una jícara
nupcial
en las manos.
- Entre los cortes y figuras labradas
con insondable sutileza,
la luna vierte
su sigilo.Tiende los trazos, los perfiles,
sobre un silencio de eternidad,
la fijeza de sus rastros
y el germen,
su densidad de seda, de agua,
de figuras sintiendo en la oscuridad su confín
luminoso, su delirio brotante de signos vivos,
su estupor animal:
rasgos, designios, enhebrando
sus formas;
hurgando, con pulcritud, su hilo de luz, sus enlaces,
sus lentos modos para existir.
Es el destino que se enreda
sin voz
como un capullo transparente. En el centro del fin
está el principio; en el principio,
el fin, sin ecos.
La tarascada nítida
del jaguar
en la amplitud del Universo. - Hunde
en la sombra
su huella intacta:
serpiente de astros y murmullos,
astilleo de espejismos.
Un arroyo ilumina el palpitar
de la noche: Honda
raíz fulmínea. Honda,
encandilada raíz: Es el tiempo inasible.
Es el trazo que se abre
en el umbral, en su gozne;
en el embrión de su espesura.
- Fuentes ardiendo al amanecer,
borbotones que el tacto de la luz estremece -
Son refracciones del inicio
la vida ardiente y su silencio;
Bajo la noche, bajo su azul profundo,
los grillos cavan
la intermitencia.
Del espacio impalpable, una certeza:
tu voz;
tu voz que funde
y permanece.
- Cortada en vilo
por el tiempo,
cortada al calce como una flor,
como un oleaje refulgente, como una estrella,
renace.
Se abre, se ilumina, se adentra
- desde un silencio incandescente - en las cosas.
Todo lo animas, todo lo alumbras,
todo lo abismas en su fuego.
A cada forma le das
su nombre;
a cada nombre
su forma: Ahí,
desde ese punto sin fin
y sin principio, abres las aguas en la palabra justa.