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Febrero de 2005 - Año 2, No. 4

 

MARGARITA LEÓN
Tlalnepantla - México, 1951


CAMINATA
(fragmento)

Junto a mi sombra
caminan los árboles
sobre mí sus ramas
de crecido sauce
dentro de mí el encuentro
la memoria del retoño
los anhelos del joven pino


A mi lado el bosque
y su verde misterio
pegada al árbol
me crecen hojas
bajo los zapatos
echo raíces
en mis hojas tiernas
se posan los primeros pájaros


Misteriosos labios
susurran
«Eres el río»
una vorágine de ramas
de troncos
labran la cañada
a borbotones se despliega
mi corazón errante y distraído
Pero no existe
entre eriales el bosque
es sólo un parque que renguea
piedras las bellotas
que desgranan las ardillas
avenidas las veredas
callejones solitarios los atajos
sombreada plazuela
el centro de la alcachofa
donde vengo al encuentro
de mi imagen


Aquí sólo
las piedras
las cañadas desnudas
la espiga sonora
de la serpiente
el colmillo que cae
sobre el cuero terso
del viento


Aquí sólo
mi corazón
desgarrado
aquí mi viudez
que trastabillea
y choca
contra la asonancia
indiferente
de los cactos

El bosque me consuela
me acompaña con nuevos árboles
sobre mí caen las semillas
de sus amores secretos
aquí chocan sus espadas
aquí germinan sus deseos
compartidos
Las ramas y sus hojas
se enredan en mis ojos
como la íntima telaraña
del sueño


Sigo la línea luminosa
el perfil de la cuesta
rastreo la vereda
de las hormigas
traspongo la valla
de árboles podados
cabezas coronadas
de vástagos


Deslizándome voy
desde las raíces
por los troncos
hasta las copas
Aquí llega
el verde aroma
de la savia derramada
la resina amarga destila
el oculto sexo

Sin amarras
mi corazón remonta
la valla del deseo

Recorren
largas distancias
van de la mano
con sus múltiples pies
horadando
la corteza de la tierra

Se multiplican
se hacinan
como los muertos
en la conciencia

Furtiva lagartija
me asomo por la tapia
mido el aire
que se posa
en los cuellos tiernos
de los brotes
Un aroma de verdor
cuelga de mi lengua:
entre la blanda tierra
el frágil balbuceo
de la vida
el frío vientecillo
de la muerte

La respiración del insecto
se desvanece
bajo la piedra
bajo el zapato

Quizá alguien llore
por él
como lo hace el sauce
sobre mis hombros


Emergen del fondo
oscurecen el agua sus cabezas
cada fragmento de sus troncos
ciudad fantasmal
de enmarañadas luces
muy alto
sus abuelos y sus padres
echan ramas
apaciblemente
alcanzan sus copas
el diamante del aire
el pulido y transparente rubí
en que ha cuajado el vino
de su estiramiento

Husmeo entre las piernas
de los erectos árboles
lamo las gargantas erizadas
de los truenos

estiro mi piel de tejón
para alcanzar los nidos
donde empluman
canciones recién nacidas
silencios
apenas incubados

Bajo la transparencia
me estiro
me desembarazo
bostezo
con los brazos
más allá del cuerpo:
pez de la tierra
alcanzado por el anzuelo
del resplandor

No sé cuándo mis brazos
se llenaron de nudos y de vetas
en qué instante levanté
la cabeza y retoñaron mis deseos
en qué recodo abandoné
mi antigua piel
la erosionada tierra
del jardín cerrado

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