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Ir a Contenido Febrero de 2005 - Año 2, No. 4 |
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ELVIRA ALEJANDRA QUINTERO
La mirada
de sal
Premio Jorge Isaacs de Poesía 2004
VIII
Ritual con aguacero
Llovía sin sosiego
una tarde de octubre sobre la hermosa ciudad
de los vientos y los chiminangos.
Abrimos los brazos al legado del cielo, y sacamos a pasear la infancia
recientemente abandonada, pisando solamente los charcos más
hondos, cediendo a la tentación de recorrer el sendero más largo
y prohibido.
¡Magníficos
aguaceros!
¡Densas lluvias de octubre!
Espesos cortinajes desprendidos de repente balanceándose sin
control sobre las altas fachadas
Sobre las tejas blandas
Corriendo calle abajo entre los autos y el mundo cobarde en busca
de refugio.
¡Impredecibles tormentas!
Los claros goterones lavan el aire, los jardines, la calle
La plaza desocupada y sin anuncios
Lavan
Lavan
Lavan
La más reciente amargura, la dolorosa injuria
Y el alma palpita nueva bajo la ropa mojada
Dueña del nuevo mundo, extendiendo sus alas bajo el arco iris
que anuncia el renacimiento sobre los rascacielos.
¡Ah, antigua purificación bajo las aguas!
Así levanto la manta
que cubre el cuerpo enfermo:
¡Dolorosa purificación bajo los aguaceros!
XI
Los amigos
Pequeña felicidad
trae enero y el tiempo que se estrella en el
pasado.
Largas cuentas
Filas donde pasan los amigos haciendo señales aún sin descifrar.
Y dan ganas de cambiar los
nombres a ciertas cosas aparecidas
bajo el moho de los rincones
Allí donde las imágenes descubren un largo aliento que traían
oculto en las palabras, pero entonces no sabíamos que era por
eso.
Largas cuentas de días
sin verlo como luces que dudan en la
distancia.
Como el amor, que pone sus misterios a arder cuando la sombra es
pequeña, móvil y quebradiza sobre los charcos donde vuelan los
zancudos.
Maravillosos bichos libres, volando sin tiempo sobre el mundo.
XII
Verano
¡Altos los días
del verano con su centro extraviado bajo el sol!
¡Días fraccionados y sin sombra, dilatando el regreso de la noche!
Aquí, sobre la mesa, reúno algunos pedazos: el resto son fotos
guardadas apolillando discretamente el tiempo.
En el sueño del amanecer
supimos de un tripulante ahogado.
Era la media mar, allá donde ocurren los naufragios y todos los
gritos no logran conmover el universo.
Después fotos guardadas
Palabras aporreadas brotando de un cántaro donde no cabe otra
pregunta.
¡Altos los días del verano con su centro extraviado!
Pero uno va de aquí
al otro lado, se cansa bajo almendros que no
logran la sombra, y cuando siente arder la voz el gesto inicia una
metamorfosis que no estaba prevista.
Era a la vuelta de la esquina
donde tu voz se perdía para siempre.
¡Otro naufragio!
Mas los muchachos silbaban con mano en el bolsillo porque
conocían la canción y les gustaba.
Cuando lo conocí
mi espíritu se llenó de gozo y millares de palomas
mensajeras vinieron a decir sus sentencias habitadas de una dicha
desconocida.
Poco a poco vi a mis cuadernos llenarse de palabras, de bosques
de palabras, de mares de palabras extasiadas y narcisistas en su
propio laberinto.
Para mí sus manos pequeñas gestualizaron brevemente el pasado.
Para mí hicieron un recuento de sus sombras. Para mí esgrimieron
razones, borrones, anclas.
(Pienso en Constantino, en sus terribles pasiones por esos bellos
jóvenes henchidos de capricho, iluminando los bares de Alejandría).
Entonces, una a una las brújulas de mi destierro iniciaron su locura.
Frente a los vidrios empañados e inmensos descorrí las cortinas
y
dejé pasar las tardes llenándome de lamentos y de olvidos. El
olvido:
cuando algo es expulsado para siempre del corazón.
Escarbé en el fondo de mis recuerdos buscando lo que no puede
saberse: Gestos, voces, aspavientos de felicidades pequeñas y
pasajeras que habían llenado los resquicios de mis noches.
Un amanecer caminé sin rumbo por los bordes de la ciudad cerrada,
sin importarme la visión del naufragio poco común de mi sentido.
Otro, senté a mi lado la desdicha y la besé como al más
deseado de
los amantes.
Ahora interrogo a los vientos que anuncian agosto. Junto a los
colores de sus cometas veo volar su mirada oscura y escucho
enloquecer mis oídos con jirones de su voz.
No logro descifrar esa mirada. No alcanzo a vislumbrar el sentido
de su silencio.