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Ir a Contenido Febrero de 2005 - Año 2, No. 4 |
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ELIZABETH
MARÍN BEITIA
La Unión Valle, 1979
MI PADRE
El hombre
Dejó en mi memoria el dolor de la partida
Para que a solas aprendiera
Que el dolor no es tregua
Y los caminos que transita el amor
Se hallan empedrados de afrentas.
Me enseñó
a no esperarte
A ser dura en el abrazo
A no ceder territorios
Para que no destroces la tarde
Si tus pasos se quedan
Desangrados en la acera
Como los de mi padre.
CULPA
En vano te traigo flores
rojas
Para ahuyentar la presencia
De este pájaro oscuro y pertinaz
Que llegó a escarbarte el pecho en secreto.
Hay tanta noche en tu boca
Que las palabras se pierden
No llegan con tu último aliento
A redimir mi culpa.
Ya mis flores se marchitan
con tus párpados
Y el horrible pájaro vuela desde tu pecho
A escarbarme en la conciencia.
CIUDAD
Me recorre en cada esquina
tu noche sangrienta
Tu huella dura y temerosa me transita.
Las calles no encuentran
Mis extraviados pasos
Sólo angustiosas avenidas titilan bajo mis párpados.
Esta cansada marcha que
no avanza
Permea de ira la herrumbre y el asfalto.
Bendita ciudad del desamparo
De almas que me habitan con ojos, voces y semáforos.
¿Me dejarás huir de tu ceniza?
¿O me matarás ciudad, un día de tantos?
TU NOMBRE
Cada letra medida
Cincelada sobre el mármol
O en los ladrillos desnudos, con ceniza y cal.
Dejé la ciudad marcada
de ti como mi cuerpo
En todos los puentes un graffiti
Un corazón flechado en cada umbral.
Mas no me hago ilusiones
De sobra conozco el terrible secreto
El olvido y tú, son cómplices profanos
De la herrumbre y el concreto.