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Ir a Contenido Febrero de 2005 - Año 2, No. 4 |
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FRANCISCO
JAVIER GÓMEZ CAMPILLO
Popayán, 1968
DIÁLOGO DE LAS VENTANAS
Bajo densidades de cristal
y furia
la mariposa bate suavemente
y muy despacio las alas delicadas.
Sus ojos son diminutos pozos
de fuego
mundos remotos que luchan contra lo impenetrable
que socavan sin piedad la dureza oscura que contemplan.
La roca minuciosa feroz
dentro de sí guarda
el pesado avance de las frágiles alas.
Los agudos rasgos de su rostro
empujan lento hacia lo profundo
la dura transparencia que devoran
y la máscara que moldeada queda contra la roca
se desplaza como hacia dentro.
Hasta que un día
el ascenso se libera
la transfiguración de la pesadez se anuncia
la solidez absoluta se transforma en aire
la piedra se transforma en viento
el silencio de lo compacto se deshace
y entran rápido sonidos y perfumes.
Voy con mi ventana inmóvil
a todos lados
la ventana que soy me lleva en su vacío
como un pasajero poseído por las transparencias
indecibles de este viaje vertiginoso y lento.
Las gentes que pasan frente a mi ventana
se alejan como se alejan los días
pero soy yo quien abandona todo para siempre
soy el pasajero único de su ventana
abierta en la noche al paso de los mundos
que vagan impulsados por los cantos del espacio
que se llevan también mi ventana distraída
hacia regiones llenas de ventanas absolutas.
II
Pero la ventana no tiene
prisa
la ventana se abisma
la ventana sumerge el cielo
la ventana se abre como una mano en el sueño
la ventana medita en sus cuatro lados
la ventana y el cielo son una de las formas del silencio
la ventana y la noche son una de las formas del misterio
la ventana aguarda la mirada de un niño
la ventana es un comienzo.
De una ventana a otra ventana
es posible tender un puente
- Dijo Cortázar -
y en el instante que antecede su muerte
Joseph K. contempla aparecer una presencia ambigua
en la ventana extraña de una casa desconocida
en su noche eterna y última
- Dijo Kafka en la escena final del proceso.
Y yo que no sé quién soy
- Dijo Chuang Tzu
me veo asomado a la ventana que soy
pero no tengo rostro
tengo sólo una ventana vacía
que se asoma por otra ventana vacía
y escucha sin detenerse
el infinito diálogo de las ventanas.
IV
La ventana se asoma por
la ventana del espejo
y contempla en la ventana del espejo
una ventana que se asoma hacia sí misma
mostrando en el vacío fondo de ella
un espejo donde se abre lentamente una ventana vacía
y entra por ella
uno mismo.
Llevar una ventana
en el centro de sí mismo
y de vez en cuando abrirla
y asomarse a través de ella
a lo desconocido
como un ladrón escapar a otro mundo
y al regresar
dejar que regrese
uno distinto.