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Ir a Contenido Febrero de 2005 - Año 2, No. 4 |
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ANA
AMA LA FUGA
ANIBAL ARIAS
No es usual, en la tradición
literaria nuestra, encontrar una voluntad de ruptura sostenida en el tiempo,
un propósito estético orientado a hacer detonar los valores de
las viejas escuelas del verso que aún sobreviven con diversos camuflajes
en la poesía actual; pero lo que es más importante en la poesía
de Aníbal Arias es su exploración en ese lenguaje de la vida urbana
y de los afanes de la noche, donde la palabra sucede como murmuración,
como tropiezo, como evocación de un pasado que sólo hace presencia
de manera fragmentaria.
En el lenguaje del malevo, de la meretriz, del borracho habitual del bar, del
obrero que hace uso de su tiempo libre para apurar un trago y un pedazo de son,
el poeta descubre una poesía reveladora de la condición humana
en el ejercicio de la soledad, en la práctica del exilio voluntario,
en la fuga que intenta vanamente evadir los azares del trabajo y de las obligaciones
cotidianas. Todo esto frustra la manifestación del verso delicado y le
abre paso a una frase cuya rudeza obliga a mirar de nuevo al mundo.
Julián
Malatesta