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Septiembre de 2005 - Año 2, No. 5

 

LA PALABRA

Cintio Vitier (Cuba, 1921)


Entonces afluían las palabras
del hechizo de las cosas, o saltaban
en un oscuro borbotón como de sangre,
o sus hogueras ávidas mordían
las manos que querían atraparlas,
o cruzaban como aves o venados
en el fulgor del sol, entre los bosques.

Ahora, cuando llega una palabra
-sola, inmensa, única, perdida,
mensajera que ha logrado atravesar
las más vastas y desnudas extensiones-
es preciso recibirla regiamente,
abrir las puertas, encender las lámparas,
y quedar en silencio hasta que ella,
incapaz de mentirnos, se ha dormido,
y otra vez se confunde con las rocas.

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