LA
POESÍA, SEÑOR HIDALGO...
A
PROPÓSITO DE LOS CUATROCIENTOS AÑOS
DE EL QUIJOTE DE MIGUEL DE CERVANTES
Don Quijote al caballero
del verde gabán, fragmento del capítulo XVI de la segunda parte
de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (1615)
(...)La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una doncella
tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer,
pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella
se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella; pero esta tal
doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada
por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha
de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro
purísimo de inestimable precio; hala de tener, el que la tuviere, a raya,
no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos;
no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en
lamentables tragedias, o en comedias alegres y artificiosas; no se ha de dejar
tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar
los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo
llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel
que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en
número de vulgo. Y así, el que con los requisitos que he dicho tratare
y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas
las naciones políticas del mundo. Y a lo que decís, señor,
que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doyme a entender
que no anda muy acertado en ello, y la razón es ésta: el grande
Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió
en griego, porque era latino. En resolución, todos los poetas antiguos
escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las estranjeras
para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, razón
sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se
desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano,
ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya. Pero vuestro hijo, a lo que
yo, señor, imagino, no debe de estar mal con la poesía de romance,
sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni otras
ciencias que adornen y despierten y ayuden a su natural impulso; y aun en esto
puede haber yerro; porque, según es opinión verdadera, el poeta
nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale poeta; y,
con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni
artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: est Deus in nobis...,
etcétera. También digo que el natural poeta que se ayudare del arte
será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber
el arte quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la
naturaleza, sino perficiónala; así que, mezcladas la naturaleza
y el arte, y el arte con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta.
Sea, pues, la conclusión de mi plática, señor hidalgo, que
vuesa merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama; que, siendo
él tan buen estudiante como debe de ser, y habiendo ya subido felicemente
el primer escalón de las esencias, que es el de las lenguas, con ellas
por sí mesmo subirá a la cumbre de las letras humanas, las cuales
tan bien parecen en un caballero de capa y espada, y así le adornan, honran
y engrandecen, como las mitras a los obispos, o como las garnachas a los peritos
jurisconsultos. Riña vuesa merced a su hijo si hiciere sátiras que
perjudiquen las honras ajenas, y castíguele, y rómpaselas, pero
si hiciere sermones al modo de Horacio, donde reprehenda los vicios en general,
como tan elegantemente él lo hizo, alábele: porque lícito
es al poeta escribir contra la invidia, y decir en sus versos mal de los invidiosos,
y así de los otros vicios, con que no señale persona alguna; pero
hay poetas que, a trueco de decir una malicia, se pondrán a peligro que
los destierren a las islas de Ponto. Si el poeta fuere casto en sus costumbres,
lo será también en sus versos; la pluma es lengua del alma: cuales
fueren los conceptos que en ella se engendraren, tales serán sus escritos;
y cuando los reyes y príncipes veen la milagrosa ciencia de la poesía
en sujetos prudentes, virtuosos y graves, los honran, los estiman y los enriquecen,
y aun los coronan con las hojas del árbol a quien no ofende el rayo, como
en señal que no han de ser ofendidos de nadie los que con tales coronas
veen honrados y adornadas sus sienes.
Miguel de Cervantes
(1547 - 1616)