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Ir a Contenido Septiembre de 2005 - Año 2, No. 5 |
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I
K K Y U
LA NUBE LOCA EN EL CIELO DE LAS LETRAS JAPONESAS
POR RODRIGO ESCOBAR HOLGUÍN
Introducción
«...fue
el más riguroso y profundo de los sacerdotes Zen»
Yasunari Kawabata,
en su discurso
al recibir el premio Nobel en 1968.
Ikkyu Sojun (1394-1481)
es uno de los personajes más desconcertantes y menos conocidos de la
literatura japonesa. Desempeñó un papel destacadísimo en
la historia del zen, y algunos de los episodios de su vida siguen siendo narrados
en templos y monasterios. Figura en la tradición histórica de
artes tales como la música de flauta, la ceremonia del té, la
caligrafía, el ikebana, y el teatro Noh. Reconstruyó dos templos
budistas que habían sido destruidos por las guerras. Pero sobre todo,
fue un gran poeta.
Para poderle comprender, necesitamos penetrar primero en su mundo, pues nuestro contexto cultural es profundamente distinto del suyo. Por eso, en una fugaz panorámica, consideraremos primero el ambiente histórico y literario del Japón desde los inicios hasta su época. Luego, exploraremos el budismo zen y algunas de sus actitudes vitales. Entonces nos adentraremos en el personaje mismo y en sus poemas. Por último haremos una valoración de él desde nuestra propia época.
Antecedentes históricos
y literarios hasta la época Muromachi
El Japón del siglo
XV, en el que vivió Ikkyu, era una tierra de turbulencias y sangre, pero
también de arte y de creatividad.
Como suele pasar, la violencia
venía de lejos. Durante la época Heian, en los siglos VII a XII,
la cultura japonesa había ido imponiéndose con el filo de la espada
a lo largo de la isla principal, empujando a los pueblos aborígenes,
los Ainu, cada vez más hacia el frío norte.
Sin embargo, entre tanto,
en Kioto, el centro del futuro imperio, la literatura florecía en los
pinceles de los cortesanos, mujeres y hombres delicados para quienes las guerras
de conquista eran ajenas y remotas.
Primero, la lengua tuvo
que adquirir un modo conveniente de escribirse, ya que al comienzo la escritura
era sólo en chino. Este papel iniciático de la lengua continental
llevó a que la educación literaria comenzara con el dominio de
las obras clásicas chinas. Los poetas de la época Tang, por ejemplo,
eran estudiados y admirados por los letrados japoneses.
Entonces un monje budista
inventó un modo fonético de escribir en japonés. Con los
cincuenta signos del hiragana se hizo posible aprender a escribir en japonés
mucho más pronto que dominando los miles de signos chinos. Fueron surgiendo
entonces las primeras obras literarias. Las antologías imperiales de
poesía, los Cantares de Ise, la Romanza de Genji, el Libro de Almohada,
los diarios de las mujeres de la corte, todo eso formó una primera época
de oro en la historia literaria del Japón. Al terminarse la época
Heian, ya estaba establecido, por los méritos de sus propios autores,
el valor literario de la lengua japonesa.
Entretanto los guerreros
continuaban incorporando al imperio las tierras del norte. Una vez se hubo conquistado
toda la isla principal, las habilidades militares desarrolladas por los conquistadores
no pudieron ejercerse ya contra pueblos extraños, y los soldados entonces
buscaron nuevos enemigos en el interior de su propia cultura. El emperador y
la corte perdieron su poder, quedando reducidos a unas figuras formales. El
filo de la espada puso término a la época Heian desde 1185, y
el gobierno militar se estableció en Kamakura, un pequeño puerto
al suroeste del actual Tokio. Las guerras civiles asolaron por largo tiempo
el Japón, hasta que en el Siglo XVII un caudillo fue capaz de someter
con sus fuerzas a todo el país, y se inició una larga época
de paz.
El período de las guerras civiles las épocas Kamakura, Muromachi y Momoyama - suele ser considerado como poco menos que estéril en las letras japonesas. Sin embargo, no fue del todo así. Cierto que ya no hubo literatura cortesana; pero el ejercicio de las letras pasó a otros personajes, que escribían en la reclusión de los templos y los monasterios.
Tsurezuregusa
En la época Kamakura
(1185 1392) se destacan tres obras. En 1212 fue escrito el Hojoki
traducido como Un relato desde mi choza por Kamo no Chomei, quien vivió
de 1155 a 1216. Fue primero un cortesano, educado en las artes de la música
y la poesía a las que se dedicó después de retirarse de
la corte. En 1204 se convirtió en monje budista.
Aunque quedan de él
poemas y otras obras , es recordado ante todo por su Relato desde mi choza.
Es un texto corto, escrito en fragmentos, pero de una gran unidad y coherencia.
Describe los desastres que asolaron la capital en su tiempo hambrunas,
terremotos, incendios y luego cuenta cómo y por qué se
fue a vivir a una choza en el campo, en busqueda de la liberación de
los deseos, en pleno acuerdo con los ideales budistas. Es una joya de la literatura
japonesa de la época.
Las Ocurrencias de un ocioso
consisten en 243 fragmentos de variada temática, muy influidos formalmente
por El Libro de Almohada de Sei Shonagon, pero en un ambiente mucho
más budista y didáctico, que los distancia de su modelo.
Su autor es Kenko Yoshida,
quien nació quizá en 1283, y murió tal vez
en1350.
La tercera obra maestra
de tal tiempo es el Heike Monogatari, la historia (o el Cantar) de los Heike,
escrito por dos monjes budistas, Yukinaga y Shobutsu. Pudo haberse escrito hacia
el 1225. Es lo más parecido a una obra épica que hay en la literatura
japonesa.
Inicialmente, relata el
ascenso de Taira no Kiyomori hasta el punto en que su hija se casa con el emperador.
En la cumbre de su poder, incendia los templos de Nara. Después de su
muerte, comienza a destacarse un rival de la casa de los Minamoto, Kiso Yoshinaka.
Los Taira se ven gradualmente derrotados, pero no son vencidos aún. Yoshinaka
es muerto por un rival de su misma familia, Yoshitsune, quien luego es el que
aniquila finalmente a los Taira.
Hay varias versiones del
Cantar, algunas destinadas a la lectura, otras al canto con acompañamiento
del laúd japonés (biwa).
Hay una corta referencia
al Cantar de los Heike al final de la tercera gran obra literaria del período,
el Tsurezuregusa, traducido al español como Ocurrencias de un ocioso.
Yukinaga escribió
el Heike Monogatari y se lo enseñó a un ciego llamado Shobutsu,
que lo recitaba. Por eso pondera tanto el monasterio Enryakuji. Escribe teniendo
un conocimiento muy notable de Yoshitsune, pero omitió muchos pormenores
de la vida de Noriyori. Es posible que apenas supiera algo de él. Como
Shobutsu era natural de la región del este, lo mandaba a recoger información
de los samurais sobre el arco, los caballos y la estrategia de la guerra. Yukinaga
después lo escribía. Los maestros del biwa todavía hoy
imitan el acento oriental de la voz y del canto de Shobutsu. (1)
Tanto la obra de Kamo no
Chomei como la de Kenko Yoshida, y lo mismo el Cantar de los Heike, poseen ya
el tono de nostalgia budista que iría a predominar en buena parte de
las letras japonesas de ahí en adelante hasta el advenimiento de la literatura
moderna.
En 1331, el emperador Go-Daigo
se rebeló en Kioto contra el gobierno militar. En la guerra civil que
siguió, fue destruido el templo de Mioshoji, que más de un siglo
después sería reconstruido por nuestro Ikkyu.
La victoria del emperador
en 1333, apoyado por importantes familias de guerreros como los Ashikaga, le
permitió restaurar el poder imperial, pero no por mucho tiempo: a los
tres años tuvo que dejar Kioto, aunque organizó una corte rival
en el sur. De esa corte haría parte luego la madre de Ikkyu.
En 1392 la corte del sur fue persuadida a volver a Kioto, y quedó como único emperador Go-Komatsu. Con esto se inició la época Muromachi. Dos años después nació Ikkyu, el monje Zen que hoy nos ocupa.
Antecedentes religiosos
Budismo y zen
Para entender qué clase de monje era Ikkyu no podemos evadir hacer una incursión en ciertos conceptos religiosos fundamentales de la cultura del lejano oriente.
Las Cuatro Nobles verdades
y el Óctuple Sendero
El budismo es de origen hindú. Nació en el contexto de un hinduísmo muy formalizado. Su problema fundamental es cómo tratar el sufrimiento. Después de un largo proceso de búsqueda, el fundador Buda llegó, en el Siglo V antes de Cristo, a descubrir lo que desde entonces se llamó las cuatro nobles verdades:
1 hay sufrimiento en la
vida;
2 el sufrimiento es generado por una causa;
3 la causa del sufrimiento es el apego;
4 hay un sendero para liberarse del apego y por tanto del sufrimiento.
El Óctuple Sendero
se refiere a ocho prácticas o hábitos que han de ser correctas
o hacerse correcta o adecuadamente: el conocimiento, las decisiones, la palabra,
la acción, el modo de vida, el esfuerzo, la atención y la concentración.
Éste es un logro
que debe realizarse individualmente. Nadie puede ayudar a otro a liberarse del
sufrimiento y alcanzar la iluminación. Cada uno debe salvarse por sí
mismo.
Al recorrer y practicar
el Óctuple Sendero, se llega a la liberación del apego y a la
realización, a veces llamada «iluminación». Entonces
el sufrimiento queda atrás.
Esto es el núcleo
básico del budismo. Pero hay además ciertas cosas: el respeto
a la vida en todas sus formas (lo que conlleva por ejemplo al vegetarianismo);
la convicción de que el yo es una ilusión; el respeto a la norma
(el Darma); la convicción de que el bien conlleva bien, y el mal conlleva
mal (el Karma); la organización de los monjes como instrumento de difusión
de los hallazgos del budismo, y como ejemplo de vida ante la comunidad.
Los rituales, los dioses
y los sacrificios del hinduismo son entonces innecesarios; en este aspecto podemos
considerar al budismo como una especie de protesta contra el hinduísmo
clásico. En realidad, Buda no se pronuncia a favor ni en contra de los
dioses; está demasiado ocupado con aplacar el sufrimiento humano para
ponerse a especular sobre ellos. Buda decía que si había un hombre
herido por una flecha envenenada, no había que ponerse a averiguar de
dónde había procedido la flecha, ni por qué causa había
llegado allí, sino proceder a curarlo de inmediato.
Aunque el Buda dejó
muy claro que no debía venerársele, pronto hubo veneración
por él. Los primeros templos budistas tenían por lo menos dos
edificios: una stupa o pagoda, donde se veneraba la imagen o las reliquias del
Buda, y una sala de reuniones y de oración, en medio de un amplio recinto
cercado.
Poco a poco el budismo se
fue formalizando y llenándose de reglas y ritos. Surgió el budismo
del Gran Vehículo, el Mahayana, en donde no es necesaria la dura disciplina
individual del budismo primero, sino que hay salvadores a los que uno puede
acogerse, los Boddhisattva. También los Budas se multiplicaron. Uno de
ellos, el Buda que vendrá, un Buda riente que encarnará en el
futuro el amor universal, se llama Maitreya, y lo veremos aparecer en uno de
los poemas de Ikkyu.
Para el momento en que el budismo alcanzó el Japón, diez siglos después de haber sido fundado en el norte de la India, era ya una organización establecida, lejos de la simplicidad inicial.
Boddhidharma y su poema
Surgió entonces el Zen, un nuevo movimiento protestante dentro de esa vieja protesta que había sido el budismo. El Zen fue introducido desde la India a la China en el siglo VI por Boddhidharma, que lo describió así:
Un mensaje especial fuera de la Escritura;
no depender de letras ni palabras;
un apuntar directo al corazón humano;
un real conocerse; llegar a ser un Buda.
Poco después de llegar a China, Bodhidharma tuvo una audiencia con el emperador Wu Di en la entonces capital de Nankín.Tuvieron este diálogo:
He construido
muchos templos, he fundado monasterios, he hecho copiar escrituras sagradas,
he sostenido a muchos monjes a través de toda la China. ¿Qué
méritos alcanzaré por esto?
Ningún mérito, Majestad.
Pero entonces, ¿cuál es la enseñanza fundamental
del Budismo?
[El Emperador pregunta esto porque conoce la ley del Karma: el bien conlleva al bien, el mal conlleva al mal. Si ha hecho bien, piensa que tendrá un mérito. Pero no es conciente de que el bien hay que hacerlo desinteresadamente. A la nueva pregunta del Emperador, Bodhidharma contesta:]
El Gran Vacío:
no hay ninguna esencia, Majestad.
Y si no hay ninguna esencia, ¿quién entonces me está
hablando?
No tengo idea, Majestad.
Como resultado, Bodhidharma
tuvo que abandonar el palacio y fue a residir al Monasterio de Shaolin, donde
pasó nueve años meditando frente a una roca. Se le vincula con
el origen de algunas artes marciales.
Hay una leyenda que da origen
al Zen en una acción del mismísimo Buda. En cierta ocasión,
una multitud se reunió para oír una exposición del Maestro.
Este llegó, y no pronunció una sola palabra: se limitó
a exponer una flor, haciéndola girar en su mano ante la multitud. Allí
está el rechazo a la palabra articulada que es parte esencial del Zen.
El Zen da importancia fundamental
a una experiencia que hay que lograr, y que por lo general se nombra inadecuadamente
como iluminación. Es un repentino darse cuenta de la realidad sin el
intermedio de conceptos o palabras.
El Zen es sumamente alérgico
a discusiones racionales (que se hacen a través de conceptos intermediarios)
y a escrituras. Sin embargo, hay escrituras Zen; éstas narran anécdotas
de los maestros Zen; y también proponen cuestiones «casos»,
en japonés koan, que son temas de meditación, y que no se pueden
resolver a través de la mente racional.
También es alérgico
al criterio de autoridad, aunque esto habría que matizarlo un poco, pues
no se puede aprender Zen de otro modo que con un maestro y con una práctica
(los libros sobre Zen no sirven, no son Zen). Un dicho Zen es: «Si encuentras
al Buda, mátalo». (Pero, hasta ahora, no sé de ningún
adepto Zen que haya matado a su maestro; sí hubo uno que incendió
el templo del Pabellón de Oro, y hay muchas historias de tazas, libros,
certificados y reliquias deliberadamente destruidos).
El Zen es pues paradójico
y difícil de discutir con palabras. Hay que apropiárselo sin símbolos,
como una práctica de lo inefable.
Con todo y eso, también
el Zen, por el tiempo en que vivió Ikkyu, estaba anquilosado.
Dada la importancia del
tema erótico en Ikkyu, conviene tratar este punto.
No es de extrañar
que inicialmente el Buda no quisiera tener nada que ver con las mujeres. Había
sido educado en la tradición patriarcal hindú. Pero pronto fue
convencido de que en su nuevo movimiento podría haber monjas. (El tema
sigue causando aún discusiones en los países budistas. En Tailandia
hubo el año pasado un gran debate sobre si conceder a las monjas todos
los derechos que tienen los monjes; lo ha suscitado una monja venida de Sri
Lanka, donde no se hace diferencia entre monjas y monjes a este respecto).
Los budistas, como tantas otras religiones, usan las parábolas, las anécdotas que dan motivos de reflexión. Algunas de ellas pueden ilustrar el clima en que aparece el género en el budismo, sobre todo en el zen. Oigamos algunas.
Veinte monjes y una monja
practicaban la meditación con un maestro Zen. Algunos de ellos se enamoraron,
y uno le escribió una carta a la monja, pidiéndole un encuentro
a solas.
Ella no respondió.
Al día siguiente, al terminar el sermón del maestro, la monja
se levantó de en medio de sus compañeros, y dijo al que le había
escrito:
Si de verdad me amas, ven y abrázame ya.
Durante más de veinte
años, una anciana había sostenido a un monje. Al cabo del tiempo
quiso saber qué progresos había hecho, y le pidió a una
mujer joven y apasionada que fuera al monje, lo abrazara, y le preguntara:
Y ahora, ¿qué?
La joven lo hizo, y después
el monje respondió:
Este árbol
viejo crece sobre una roca fría. No hay calor.
Ella volvió a la anciana y le contó lo ocurrido. La mayor se puso
furiosa.
¡Pensar que
lo he alimentado durante veinte años! No era necesario que mostrara pasión,
pero debió haberte tratado compasivamente.
Entonces incendió la cabaña del monje y dejó de alimentarlo.
La anterior anécdota fue conocida por Ikkyu, quien le dedicó un poema.
He aquí otra anécdota:
Una tarde lluviosa, dos
monjes recorrían un camino.
Al llegar a un riachuelo
crecido, encontraron a una joven bellísima desconcertada por no saber
cómo pasar.
Uno de los monjes la tomó
en brazos y la puso al otro lado. El otro no dijo nada, pero cuando llegaron
al templo dende se alojaban no pudo contenerse.
¡Los monjes
no debemos ponernos en contacto con las mujeres, sobre todo si son jóvenes
y hermosas! ¿Por qué hiciste eso?
Y continuó reconviniendo
a su compañero, hasta que éste le replicó:
Esa joven, yo la dejé allá, al lado del agua. ¡Pero
tú sigues cargándola!
Lo que estas anécdotas expresan parecería ser naturalidad, respeto e integridad en la esfera íntima de las relaciones entre los géneros. Sin embargo, en cuanto a la igualdad de derechos sociales, tanto el rechazo inicial de Buda a permitir una orden de monjas, como el actual debate por los derechos de las monjas en Tailandia, permite creer que todavía no se llega a una resolución satisfactoria al respecto en el ámbito budista.
Con esto podemos entrar al tema principal de este ensayo.
Ikkyu La Nube
Loca
Quien luego sería
conocido como Ikkyu Sojun nació en Kioto al alba del día de año
nuevo (2) de 1394 en una familia del pueblo. Recibió el nombre de Sengikumaru.
En algunas biografías posteriores a su muerte se dice que era hijo no
reconocido del emperador Go-Komatsu (1337- 1433) y que llevaba los signos del
dragón y las marcas del fénix. De este modo, pues, podemos decir
que así como a la cuna de Homero se la disputan varias ciudades griegas,
Ikkyu es reclamado a la vez por la clase popular y la aristocrática de
su país.
La versión de su
origen imperial es, sin embargo, muy consistente con la historia del Japón
de entonces.
Recordemos que desde 1185
el emperador era una figura simbólica, y el poder real estaba en manos
del ejército, y más precisamente de su comandante, el Shogun.
Pero en 1333, el emperador Go Daigo, con el apoyo del clan Ashikaga y otros,
logró restablecer el poder imperial. Tres años después,
habiendo perdido el apoyo de los clanes, tuvo que huir, y fundó la Corte
del Sur, rival de la del Norte dominada por los Ashikaga cuyo apoyo había
perdido. Durante cincuenta años el Japón tuvo dos emperadores.
En 1391 se acordó
la unificación de las cortes con el compromiso de que la corte del Norte
acogería a los miembros de la corte del Sur. Fue así como la futura
madre de Ikkyu vino a convertirse en una de las cortesanas del palacio del emperador
Go Komatsu.
Ya embarazada, las intrigas
palaciegas la acusaron de favorecer la antigua causa de la corte del Sur; fue
expulsada de la corte y enviada a una familia plebeya. Para evitar el riesgo
de un futuro resurgimiento de la corte disidente, su hijo no fue reconocido
como de estirpe imperial.
El shogun de entonces era,
desde 1367, Ashikaga Yoshimitsu (1356-1408) quien en 1397, tres años
después del nacimiento de Ikkyu, hizo construir el Pabellón de
Oro.
A los cinco años
(3), Ikkyu fue enviado como acólito al templo Zen de Ankokuji en Kioto,
de la Secta Rinzai, que en la China se llamaba Lin Chi, y de la línea
de Daito, el fundador del Daitokuji, quien después de su iluminación
vivió como mendigo bajo el puente de la Calle Quinta de Kioto. La secta
Rinzai da importancia a la palabra y al logro del despertar mediante la meditación
sobre temas paradójicos, los llamados Koan. Fue una secta clave en el
desarrollo artístico y cultural de la época.
En el templo recibió el nombre de Shuken y comenzó a aprender las escrituras budistas y los clásicos de China y Japón. Ya a los doce años era notoria su facilidad para componer poemas en chino. Fue un alumno brillante, de genio reconocido, agudo y travieso. A los trece, se trasladó al Kenninji, el más antiguo templo de Kioto. Allí comenzó a criticar el estilo administrativo del templo su esnobismo, su interés por lo mundano, por la política, y su desinterés por la iluminación. De esta época son varias anécdotas de las que se guarda memoria en la tradición zen, como éstas.
Uno de los monjes del templo
hacía un dulce delicioso, codiciado por los alumnos entre los cuales
estaba Ikkyu. Para que no lo consumieran, el monje dijo en una ocasión
que el dulce estaba envenenado, y se ausentó.
Ikkyu entonces rompió una de las escudillas de cerámica del monje,
y enseguida se fue a la despensa a comer dulce.
Cuando el monje volvió,
Ikkyu, repleto, le dijo que había roto la escudilla y que entonces había
resuelto quitarse la vida, para lo cual había comido un poco de dulce.
Pero no había muerto, por l o que decidió seguir comiendo en busca
de la muerte, pero sólo había encontrado el hartazgo.
En otra ocasión,
uno de sus compañeros rompió la taza de té preferida por
el maestro. Acudió a Ikkyu buscando apoyo.
No te preocupes
le dijo éste.
Cuando llegó el maestro,
Ikkyu le hizo una pregunta sobre la impermanencia de las cosas. La respuesta
fue un amplio sermón sobre el surgimiento, el madurar y el morir y desintegrarse.
Ikkyu entonces le mostró los restos de su amada taza, diciendo:
A su taza le llegó
el tiempo de morir y desintegrarse, Maestro.
La fama de Ikkyu aún niño llegó a oídos del Shogun,
quien le mandó llamar. Una vez en su residencia, el Shogun le mostró
un biombo con un tigre pintado, y dándole una cuerda, le pidió
que lo enlazara. Ikkyu le respondió:
Lo haré tan
pronto como su Señoría lo saque del biombo al jardín.
Esta ha sido una de las
anécdotas más ilustradas de la vida de Ikkyu.
¿Por qué decidió
Ikkyu escribir su poesía en chino y no en japonés? No es fácil
encontrar una respuesta convincente. Sonja Arntzen dice que fue el resultado
natural de su educación en los templos budistas. Es posible: fue en la
corte imperial, y no en el ámbito religioso, donde se afirmó el
japonés como lengua literaria. Pero Ikkyu, aún como monje ¿podría
haber estado al margen del florecer de la literatura en la lengua nacional?
No es fácil creerlo. Los autores de las obras literarias de la época
Kamakura, escritas en japonés, habían sido monjes.
En el siglo XV de Ikkyu
hacía tiempo que la lengua nacional era reconocida como instrumento literario.
¿Por qué entonces escribir en chino? ¿Por un prurito esotérico
y aristocrático? Eso no parecería congruente con una vida que
se complacía en mezclarse con pescadores, prostitutas y vagabundos.
Una hipótesis viable
es la de un proyecto de traducción. Ikkyu pudo haberse propuesto llevar
las experiencias vitales del pueblo y de sí mismo al lenguaje enrarecido
de los templos y los monasterios, donde los clásicos y la lengua chinos
seguían siendo fundamentales.
Otra hipótesis convergente
podría ser la de una voluntad estética de contraste entre un contenido
perturbador y diferente, y un vehículo lingüístico que en
el Japón del siglo XV era ya conservador y hasta anacrónico.
También puede ser simplemente que Ikkyu, a pesar de la libertad de conducta que al parecer alcanzó con el Zen, se sintiera más cómodo escribiendo los poemas de contenido erótico en chino. Este tipo de temas es prácticamente inexistente en la literatura japonesa aún hoy, y los poemas de Ikkyu en chino son una excepción destacadísima y única.
Todo esto dicho, han sobrevivido algunos poemas de Ikkyu en japonés.
A la edad de dieciséis
años, su fervor religioso y su curiosidad intelectual le condujeron al
estudio de la meditación con el sacerdote Kennon Soui (Keno Sôi
- m. 1415) quien le llamó Sojun. La primera biografía de Ikkyu,
el Nempu, dice que tuvo entonces intenciones de lanzarse al lago Biwa, pero
que fue detenido por la oportuna llegada de un mensajero de su madre.
Luego se hizo discípulo de Kesou Soudon (1352-1428), un riguroso monje que mantenía el espíritu original de los antiguos maestros del Zen en un templo rústico de Katada, una pequeña ciudad comercial en la costa suroeste del lago Biwa. Ikkyu fue inicialmente rechazado por Kesou. Ikkyu resolvió quedarse a la puerta del templo, a esperar la entrevista o morir de hambre. Unos pocos días después, al salir Kesou hacia la población, encontró a Ikkyu. Entonces hizo que sus sirvientes le echaran a palos. Pero al regresar le volvió a encontrar allí. Conmovido, le recibió.
Poema de Ikkyu y su nombre
Para sostener el templo,
Ikkyu hacía y vendía muñecas en Kioto. Cuando podía,
se mezclaba con los adivinos, los cantineros, las prostitutas, los pescadores
de la ciudad cercana. Un día, al escuchar a un conjunto de músicos
ciegos interpretando un fragmento del Cantar de los Heike, (4) encuentra el
sentido del koan que estudiaba. Su maestro le confirma la experiencia y le da
el nombre de Ikkyu (Una Pausa) para conmemorar el momento del despertar. En
respuesta escribió:
Del mundo de pasión
al mundo de pasión
hay una pausa
Si llueve, pues que llueva,
si hay viento, pues que sople. (5)
Más tarde, en el
verano de 1420 ( o 1424 las fuentes divergen), mientras meditaba en un
bote, en el lago Biwa, una tarde lluviosa, el graznido de un cuervo - de nuevo
otro sonido -volvió a provocar su iluminación.
No tenía atractivo
físico; su cara era cuadrada, de nariz chata y ojos tristes. Hay varios
retratos de él. Entre ellos, uno por Soga Jasoku III pintado en algún
momento del último año de vida del poeta, y otro pintado en vida
también, por Bokusai (también conocido como Motsurin Shôtô),
discípulo pintor muerto en 1496.
Ikkyu mantenía sus
sentidos aguzados y despiertos, y de ello nos deja testimonio en algunos poemas:
El sonido de ensueño de la flauta de bambú de Bokushitsu me despierta de un profundo sueño una noche de luna
Una espléndida
noche de otoño, fresca y clara;
con fondo de tambores de una aldea lejana,
clara y sola, una flauta de bambú me abre al llanto,
librándome de un sueño profundo y melancólico.
Brazos innumerables como
los del dios Kannon,
a mí sacrificados, con limón de aderezo.
Es el gusto divino del mar. Qué pena, Buda,
no poderte cumplir tampoco este precepto.
Qué bueno ver
a una mujer bañándose
Te frotaste la cara de flor, enjugaste tu cuerpo de ternuras,
y este monje, sentado en el agua caliente, disfrutaba
aún más dicha que el mismo Emperador de China.
Cómo duele el
profundo apego físico:
todo se da al olvido de pronto, prosa y verso;
nunca conocí antes tal placer de natura;
suena el viento y relaja mi mente aún dichosa.
De sus treinta a sus sesenta años, Ikkyu vagabundeó por templos y poblados. En sus poemas se llama «Nube Loca» (Kyo-un) a partir de la expresión «nube-agua» (un sui) que se usa para designar a los bonzos del camino. No siempre debió ser fácil tal vida, como lo muestra este poema:
En la cabaña
Como yo está gastada
y pálida la tierra.
Anciano el mundo, atormentado el cielo, seco el pasto.
Es tiempo ya y la brisa primaveral no llega,
sólo nubes de invierno tragándose mi choza.
En algún momento
de sus correrías, tuvo esposa y un hijo que luego se hizo un maestro
de la ceremonia del té.
Por una época Ikkyu
se estableció en Sakai, una ciudad portuaria al sur de Kioto donde practicaba
su «Zen loco» en burdeles y cantinas. En las celebraciones de año
nuevo solía desfilar con un cráneo para recordar la impermanencia
de la vida humana. Fue quizá en una de esas ocasiones cuando se encontró
con la célebre Jigoku Dayuu, la Gran Cortesana Infernal, y dirigiéndose
a ella en verso encadenado, obtuvo una respuesta también en verso. Jigoku
Dayuu fue luego una discípula de ikkyu y logró la iluminación.
También se cuenta de él que usaba una espada de madera para mostrar la inefectividad del «Zen de madera» (anquilosado) de los grandes monasterios, del que fue un crítico permanente, y que consideraba hipócrita y corrupto. Oigámosle en un poema sin título:
Cada día los monjes
desmenuzan el Darma
y sin parar entonan sus enredados sutras.
Debieran saber antes cómo leer las cartas
de amor de viento y lluvia, luna y nieve.
Sus extravagancias y sus frecuentes enredos con las mujeres celebradas en sus poemas, eran para él métodos de comprender e ilustrar las realidades de la vida y del zen. Su búsqueda, su aprendizaje y su enseñanza fueron constantes. Oigamos algunos poemas al respecto:
Sin sabiduría
El camino que digo no
lo sigas
ya que no existe
no hallarás ese éxtasis
que figura en catálogo
no vayas tras los líderes
no pueden liberarte
y lo más importante
no me hagas caso
(Sin título)
Lluvia y granizo, hielo
y nieve
son cosas diferentes.
Pero cuando han caído,
son idénticas aguas
del arroyo del valle.
Luna brillante y sola
Muchas sendas arrancan
del pié de la montaña,
pero en la cumbre
todos vemos la misma
luna brillante y sola.
Pescador
El tieso meditar y la
lectura
pueden llevar la mente al extravío.
Pero es valioso el canto de un pescador a solas
lluvia en el río, luna jugando entre las nubes,
su canción cada noche, de inefable hermosura.
A partir de sus experiencias
vitales y basado en conceptos del maestro chino Kido planteó el Zen del
Hilo Rojo, así nombrado en una metáfora del cordón umbilical,
signo de unión con los ancestros. En estrecha relación con el
budismo tántrico, la práctica del Zen del Hilo rojo fue la más
radical intepretación del sexo que un maestro Zen llegara a proponer.
En 1455 hizo conocer su
Jikaishû, colección de sermones a sí mismo».
Al año siguiente restauró el templo de Mioshoji, que estaba casi
en ruinas, y al que volvería al final de su vida.
La guerra civil de Onin
(1467-1477), una guerra familiar por la sucesión del shogunato, tuvo
una importancia grande en la vida de Ikkyu, tanto en lo personal como en lo
público.
Durante las hostilidades, en 1471, conoció a una cantante, música y compositora ciega, la Dama Shin, también llamada Mori, pues el símbolo con que se escribe su nombre que significa Bosque puede leerse de ambas maneras. Ella era cincuenta años más joven que él; se enamoraron, y él le dedicó numerosos poemas. Oigamos algunos de estos, escritos en medio de una terrible guerra civil:
En agradecimiento a Mori
Desnudo estaba el árbol,
y le diste una nueva primavera.
Verdes retoños, flores nacientes, una promesa fresca.
Si alguna vez olvido, Mori, lo que te debo,
que arda en el infierno para siempre.
(Sin título)
Cada noche la ciega Mori
me acompaña en el canto;
bajo las mantas, susurros siempre nuevos, cual patos mandarines;
prometemos reunirnos al alba de Maitreya;
todo está en primavera, aquí en la casa de este viejo Buda.
[Sin título]
Exhausto de placer, abrazo
a la que amo.
No es para mí el camino del asceta:
en dirección contraria va mi mente.
Hablar de Zen es fácil. Yo cerraré la boca
y me daré al amor el día entero.
Fragancia de narciso en el oscuro sitio de mi amor
Medianoche. Suspiro al
ver tu rostro en sueños.
El pabellón de amor estaba lejos.
Cual rama de ciruelo en primavera,
florece entre tus muslos el narciso.
Mori en palanquín
La ciega sube a veces
a un palanquín hermoso,
y sale a un paseo de primavera.
Y si está melancólica,
el paseo disipa su nostalgia.
Las gentes me desprecian y se burlan,
pero a mí no me importa.
También es bello y elegante
ver a Mori con los ojos del amor.
Canto de un jardín en sueños
Reclinado en tus muslos
y soñando
que estaba en un jardín de estambres perfumados,
cantaba y saboreaba tu manantial. Aún sigue
por ocasos y noches de luna nuestro canto.
Guerra e incendio
Muchos edificios de Kioto
fueron destruídos en la guerra Onin. En 1474, el conflicto aún
no terminaba, si bien ya se había trasladado a las provincias. Entonces
el emperador le convocó a Kioto para dirigir la reconstrucción
del templo y monasterio Daitokuji. El llamado se debió no sólo
a que Ikkyu ya tenía experiencia en este tipo de empresas había
reconstruido el templo de Mioshoji sino además a que era conocido
y apreciado por ricos comerciantes que podían aportar dinero para ello.
No debió ser un cambio fácil para alguien acostumbrado a la forma libérrima en que había vivido Ikkyu. Dice uno de sus poemas:
(Sin título)
Diez años en burdeles
una dicha difícil de extinguirse.
Entre desiertos montes y valles sombríos debo vivir ahora.
Hay mil leguas de nubes a esos sitios de dicha;
hiere mi oído el viento del pinar junto a casa.
Aunque había atacado a la jerarquía del templo, Ikkyu aceptó
ser el abad cuadragésimo séptimo del Daitokuji con la intención
de reconstruirlo y de reunificar las facciones que dividían a los monjes.
Pero no soportó el cargo sino por unos pocos días, aunque siguió
dirigiendo el trabajo de reconstrucción.
(Sin título)
Diez días de convento
me han puesto inquieto.
A mis pies, está el hilo
rojo largo y entero.
Si un día me buscan,
que me pregunten
en la cantina,
en la pescadería,
en los burdeles.
De esos años pueden
haber sido ciertos poemas que se refieren al fundador del templo que estaba
reconstruyendo, el Daitokuji. Daito significa en japonés Gran Lámpara.
Un monje escribió un libro sobre la vida del fundador, pero a juicio
de Ikkyu era una biografía incompleta...Omitió hablar de la larga
época en que Daito vivió como un mendigo bajo uno de los puentes
de Kyoto, como lo atestigua este poema:
Sobre el tema de «Los hechos del Venerable Maestro Daito»
Alza bien la Gran Lámpara,
que alumbre al cielo entero.
Ante el templo del Darma los pudientes compiten en elogios.
La vida de mendigo, cuando comía viento junto al agua,
veinte años bajo el puente, eso nadie lo dice.
Por esa época se
cruzaban, pues, dos hilos en su vida: la reconstrucción del templo de
Daitokuji (a distancia, eso sí, de sus monjes) y su amor por Mori.
Esa intersección se muestra en varios poemas.
Cara a cara con el amor en el aniversario de Daito
Sutras al fundador cantan
los monjes -
sus voces cacofónicas resuenan al oído.
Y luego en el amor los íntimos suspiros
dan eco a su formal y huera disciplina.
(Sin título)
Una mujer, el río
profundo del amor, nube y lluvia.
Muchacha y monje cantan arriba bajo el quiosco.
Hallo la inspiración en besos y en abrazos;
no creo que esté dando mi cuerpo a los infiernos.
Charla nocturna en una cámara de ensueños
Sea en mares o ríos
o montañas, el monje
abandona en el mundo fama y oro. Cual patos
anidan cada noche los cuerpos en el lecho
y se hacen uno en íntimos susurros.
Se estableció en
Takigi, a medio camino entre Kioto y Sakai, en el templo de Mioshoji, que había
restaurado en 1456, y desde donde viajaba a la labor encomendada. Allí,
al parecer, vivió con Mori, y continuó sus relaciones con grandes
artistas y escritores, como Komparu Zenchiku (1405 1470?), escritor de
dramas Nô; Sogi (1421 1502), maestro de la forma poética
Renga; Murato Shuko, uno de los fundadores de la ceremonia del té; y
Sôchô, poeta de haiku, entre otros. A través de estas relaciones,
Ikkyu desempeñó un papel de la mayor importancia para el influjo
del Zen en las artes literarias y pictóricas. Fue en este lugar donde
construyó su tumba en 1475.
El monje que escribió en chino los que se pueden considerar únicos poemas eróticos de la literatura clásica japonesa murió mientras meditaba, el 21 de noviembre de 1481. Por entonces la reconstrucción del Daitokuji estaba concluida. Poco después en 1483 el shogun de entonces, Ashikaga Yoshimasa hizo construir el Pabellón de Plata.
Que la evocación de ese sitio que Ikkyu no llegó a conocer nos sirva de marco para oír el último poema que citaremos en esta ocasión:
El sexo femenino
Es la boca de origen
y no dice palabra;
un magnífico monte de pelo le rodea.
Allí donde los budas de mil mundos nacieron,
un ser sensible puede perderse por completo.
Una valoración de Ikkyu desde el siglo XXI
¿Qué puede
significarnos hoy este extraño monje japonés?
De su vida y su obra, podemos derivar algunas conclusiones
que pueden brindarnos en esta época un motivo actual de reflexión.
Ikkyu mantuvo siempre durante
su vida una actitud de búsqueda religiosa y artística. En esa
búsqueda no se impuso ni se dejó imponer límites convencionales.
Se le recuerda, no sólo como un poeta, sino además como un creador
y un promotor de la creación en campos tan diversos como el ikebana,
la música de flauta, la caligrafía, la pintura. Fue un constructor.
Se le respeta como uno de los pilares del budismo Zen. Todas esas búsquedas
estaban enlazadas por un intenso deseo de contacto, comprensión y aporte
a su entorno y a los seres humanos que le rodeaban.
Su aguda actitud crítica
no le llevó al aislamiento. Permaneció en relación con
el mundo en torno suyo. En una sociedad estratificada, cruzaba las barreras
entre las clases y se codeaba con trabajadores, cortesanos, pescadores, prostitutas,
monjes. Cuando la Corte Imperial requirió sus servicios él acudió
y logró cumplir lo que le pedían sin perder su libertad.
Dio un altísimo valor
a la experiencia sensorial, y en esto llevó el budismo Zen al mayor extremo.
Pero no se quedó apenas en la experiencia, sino que la expresó
con fuerza a través de su poesía y de su arte.
Nunca aparece en sus poemas una referencia a las guerras que entonces asolaban
su país. En medio de un mundo sangriento y estremecido por la violencia,
Ikkyu fue un hombre de paz.
NOTAS
(1) La traducción
es de Justino Rodríguez. En: Kenko Yoshida, Tsuerzuregusa Ocurrencias
de un ocioso. Madrid: Hiperión, 1986, p. 186. La cita aparece al final
del fragmento 226.
(2) No el primero de Enero;
sino el Día de Año Nuevo japonés, que es aproximadamente
un mes más tarde. Habría que establecer la correspondencia con
el calendario gregoriano.
(3) Contados desde su nacimiento.
La tradición oriental es contar un año más desde
la concepción.
(4) En el fragmento, Gio,
una bailarina al servicio de Taira Kiyomori lo persuade a ver danzar a Hotoke,
una colega que no había sido presentada formalmente en la corte. Kiyomori
se entusiasma con la advenediza y echa a Gio, quien se retira a una choza con
su madre y su hermana para dedicarse a la religión. Hotoke, dándose
cuenta de lo ocurrido, viene a unírseles después. (Arntzen, p.13-14)
(5) No se sabe a ciencia cierta cuál fue el poema que Ikkyu escribió en esa ocasión; hay otros textos que pretenden ese honor. - Las versiones en español, elaboradas a partir de versiones inglesas pero controlando los kanji originales cuando han estado disponibles, son de Rodrigo Escobar Holguín.
Referencias
Este documento ha sido elaborado con base en varios sitios de Internet y dos
libros. Casi todos los materiales están en inglés.
Libros
Arntzen, Sonja. Ikkyu and the Crazy Cloud Anthology. University of Tokyo
Press. 1986. 197 pgs. Es un libro excelente, con 144 de los 880 poemas de la
Antología de la Nube Loca. Aparecen los poemas en texto chino (kanji)
y traducción al inglés. Las traducciones son fieles al texto y
mantienen una calidad poética. Muchos de los poemas de Ikkyu contienen
alusiones al contexto literario, histórico y cultural que hacen difícil
su comprensión en forma aislada.
Fawkes, Charles, editor. El libro de la alcoba una recreación ilustrada de la erótica oriental. Barcelona: Plaza y Janés, 1998. Traducción por la editorial española de The Pillow Book. Londres: Hamlyn, 1998. Contiene once poemas de Ikkyu en chino (kanji) con traducciones al español a través del inglés.
Ikkyu, Nuages Fous (Nubes locas). Paris: Albin Michel, 1991. 222 p. Traducido del japonés al francés y comentado por Maryse y Matsumi Shibata. Contiene 108 poemas de la Colección de la Nube Loca y la prosa «Esqueletos», la más famosa de Ikkyu.
Páginas de la Red
1. Textos
Las páginas de Internet consultadas no traen los textos en kanji originales.
http://www.geocities.com/Paris/5870/ikk.html
Aquí aparecen, entre otros, el poema My Loves dark place is fragrant like narcissus (Fragancia de narciso en el oscuro sitio de mi amor), una versión del poema Face to face with my lover on Daitos anniversary (que Arntzen traduce como Face to Face with the Beautiful One on the Eve of Daitos Conmemoration Ceremony , y que aquí se presenta como Cara a cara con el amor en el aniversario de Daito), el poema Song of the Dream Garden ( Canto de un jardín en sueños) y el poema Night talk in a dream chamber (Charla nocturna en una cámara de ensueños).
http://www.emptybell.org/shakupoems.html
Esta página, compuesta por Robert A. Jonas, contiene el poema The Dreamy Sound of Bokushitsus Shakuhachi Awakened Me from Deep Sleep One Moonlit Night (El sonido de ensueño de la flauta de bambú de Bokushitsu me despierta de un profundo sueño una noche de luna).
http://www.geocities.com/CapeCanaveral/Campus/4178/Poemsofikkyubankeiandryokan.html
En esta página se encuentran algunos poemas de Ikkyu, y otros poetas Zen. De aquí se han escogido los poemas sin título Many paths lead from...(Muchas sendas conducen...), Rain and hail, snow and ice (Lluvia y granizo, hielo y nieve...), A Womans Sex (El Sexo Femenino). Hay también en esta página citas extensas del ensayo en prosa de Ikkyu Esqueletos.
http://www.geocities.com/suzakico/index.html
Contiene algunos poemas de Ikkyu.
http://readordie.org/reference.php?page=ikkyu
Contiene, además de una compacta biografía de Ikkyu, su poema « El Sexo Femenino» en inglés.
http://www.thejapanpage.com/html/book_directory/Detailed/359.shtml
Contiene una breve y densa biografía de Ikkyu con algunas anécdotas de su infancia en los templos.
http://personal.readysoft.es/manga/manga/mangas/ikkyu.html
Única página encontrada en español. Comenta la historieta (Manga) Ikkyu, por Hisashi Sakaguchi. Incluye datos importantes como algunos de los nombres de Ikkyu.
2. Ilustraciones