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Septiembre de 2005 - Año 2, No. 5

 

EUGENIO JARAMILLO L.

Palmira, 1958

 

ESTACIÓN DEL TREN

No me digas adiós con los ojos.
No se prenda, náufraga,
a mi mar de lágrimas.
No alargue la partida.

Recoja su guante y acabe su vino
y vamonos ahora que a nadie le hacemos falta.

Pero que se quede aquí la dicha y lo dicho,
y el colchón donde juntos naufragamos.

 

VIUDA

Fueron otras las imágenes
aunque la lluvia era la misma.

Tal vez otras uñas y otra luna
y tres balas en la espalda,
diferentes todas,
cortesía de la policía de provincia.

Ya no recuerdan mis ojos
si la calle era la suya,
pero la piel que no olvida
me grita que soy viuda.

 

DIENTES DE PLOMO

Tal vez

no haya necesidad de lágrimas
y todo suceda sin dolor.

A las ráfagas le seguirán las risas
y el auto sin placas se perderá en la noche,
pegado al cemento, como una serpiente
se irá zigzagueando, salpicando sangre.

La desechable, entonces,

mordida en el centro por dientes de plomo,

se irá a dormir sola

y tal vez no haya necesidad de lágrimas

y todo siga sucediéndonos sin dolor.

 

 

OPERACIÓN “PROTEA”. M

¿Por cuánto tiempo más estaré contemplando estos despojos?
Constantino P. Cavafís.

Aquí llegaron ellos.

Llegaron con sus cazas sudafricanos

y sus choferes arrechos.

Bombardearon cada piedra
y cada grano de arena
que hervía al sol.

De Xangongo, Cama y Chibemba
sólo quedan escombros
alzando sus heridas al cielo.

Pero entre las ruinas del África negra

emergen niños que añoran empuñar en sus manos

otras piedras.

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