|
|
|
||||
|
Ir a Contenido Junio de 2006 - Año 3, No. 6 |
|||||
GERARDO RIVERA
Medellín,
Colombia 1944
Del libro "Una nada cubierta de hojas"
Premio Departamental de Poesía "Jorge Isaacs" 2005
ALGUNAS VECES
Algunas veces volamos
como lentas nubes
que pasan sobre las colinas,
y dejamos atrás la
vida
que tanto nos pesaba,
algunas veces no somos,
somos otros,
y hacemos preguntas
al cielo o a la tierra,
¿Quién eres?
¿Eres tú el viajero?
La noche estrellada
nos entrega
todas las respuestas.
JOYA DE LA NOCHE
Árbol estrellado
joya de la noche
Errante corazón azul
en las aguas vivas del cielo
Espejo mortal
para la belleza de acuario
Herida luminosa
HOJA
En vez de volar,
navegas
sobre el agua,
Esa nada
de sueño
y de música,
¿Quién soy?
parecieras preguntarte
mientras fluyes
abrazada al misterio,
Caída
para siempre,
en tu transparente paraíso.
FRENTE A LOS INFINITOS
FARALLONES
¿Qué sabe
una hoja
si no caer?
Ella, que ha volado desde
todos los rincones
del alma
hasta el árbol,
¿Caer a dónde?
¿Al prado?
En silencio, amorosamente
conducida por la estrella,
a la ciudad de las piedras de abajo,
Como si ya se hubiese olvidado
de todas esas tardes, allá en el valle,
frente a los infinitos farallones,
Entregarse y dormir,
esperando que alguien, quizás tú, pase
iluminado por Dios,
y la recoja.
UNA NADA CUBIERTA DE
HOJAS
Sé que no existo
que sólo fui una lluvia en los ojos del halcón
pero te traigo piedras silenciosas
y sé también que temí entrar con mis manos
en tu sueño,
Entrar en tu casa y escuchar
el eco de mi voz
dispersarse y morir en aquellas habitaciones
llamándote,
¿Era yo el que había
muerto?
O eras tú, el que inventaba el aire, como jugando,
altos y claros surtidores
y bellísimos pájaros brillantes como joyas.
¿Y quién eras
tú
si yo reía?
¿Qué ruinas
invisibles del mar y de la noche,
qué fuegos sagrados,
ardieron siempre para ti,
desde el más remoto pasado?
Pero tú, sin saberlo,
en la casa de la sombra
suavemente te desvanecías,
se abrían puertas, se cerraban,
como llamándote,
cubierto ya tu rostro con la máscara infinita.
¿Quiénes somos?
¿Qué rosa fragante es ésta
que a ti y a mí nos aprisiona?
Sólo sé
que tú y yo somos un viento inmortal,
el enigma de unas alas rozando la inmensa pirámide
que sostiene el tiempo
y su derrota.
Una nada cubierta de hojas.