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Ir a Contenido Octubre de 2006 - Año 3, No. 7 - 8 |
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AMPARO ROMERO
Cali, Colombia.
Ha publicado los poemarios Memoria de la nada, (2004), Revelaciones del Silencio, (2003), Poemas para danzar entre el fuego, (1997) Sudores Cobrizos, (1990), Los gritos de las columnas, (1988), Silente Evocación, (1986), y el libro Verbum, Poetas Colombianos, Ensayo, Colección, Fundación de Poetas Vallecaucanos (2002).
DISTINCIONES: Orden de la Independencia de Santiago de Cali, en el Grado Comendador, (2006)
Miembro de Honor del Parnaso Literario Colombiano, Capítulo Eje Cafetero Pereira (Risaralda) (2004)
Miembro Fundador y Presidenta de la Fundación de Poetas Vallecaucanos.PREMIOS: II Premio Nacional de poesía, Carlos Héctor Trejos Reyes, Riosucio, Caldas, (2004) Premio Nacional de Poesía, Porfirio Barba Jacob, Medellín(2003) II Premio, Del Rey Ocho Venado, México(2002) Premio nacional de Poesía, Ciudad San Vicente de Chucurí, Santander (1993). I Premio en el concurso Hispanoamericano de poesía y cuento convocado por la revista, La porte des poetes, París (Francia). (1993), entre otros.
EL OTRO LADO DEL ABISMO
Los huesos me han crecido como una sombra ciega
Como ángeles de polvo
Como ríos de ceniza.
Mis huesos herrumbrados como la tierra seca
Fieros como mi otro ojo
Impuros como la calle que atesora
Los ardores de mi cuerpo
Como el otro lado del abismo
Son como el silencio.
Los escucho a veces cuando abren las puertas
Y desolados prenden sus lámparas
Están llenos de oídos
De lobos aullándole a la muerte.
Mis huesos como la sangre son sudarios
Encendidos como una temblor de hojas
Son como el poema entrando al remolino.
Ellos plantan debajo de los árboles
Su elixir soterrado
Alucinan como pájaros hambrientos
Como un dolor de espinos
Hacen su ronda por mis piernas
Son arpones de fuego en mis brazos de alabastro.
Yo los rezo con mis versos de cal
Con el jugo de mis uvas.
Mis huesos oscuros
Como la sevicia de los hombres
Perplejos como la tarde
Solos como el horror de la guerra
Tristes como una ciudad sin nombre
Solos como tumbas.
Mis huesos sal de tus huesos.EL ROJO CIELO DE LOS LOCOS
Esta soy yo y mi ansiedad irrepetible
Y el talismán que guardo en las puertas vacías.
Ciudad acezante como un pájaro enfermo
Me pertenecen tus anillos de oro
Esa sorda caravana de hombres que deletrean tus señales
La saga de tus escarabajos en el parque
El cuerpo de tus hembras esperando la hora más hermosa
tu río con su lenguaje de vino y de metales
tus flores de azafrán
la quejumbre de los cementerios
el rojo cielo de los locos.
Sobre mis muslos están tus buitres tejiendo la respuesta exacta
Está el centauro con su luz plomiza desvelando mi verbo
Estás telúrica como aquel dios que profetiza la barbarie
Sola y vacía como mi susurro.
Tú me escribes insaciable como el vértigo
Tú agitas mis antorchas
Tú me asistes con tu trozo de pan enmohecido
me ofreces el agua de los cactus
Soy la que te llama
La que no puede con su propia demencia.
Tú como la luz propicia
Húmeda como una esclava
Balsámica como la muerte.
Me pertenecen tus tobillos de hiel
Tus axilas donde un niño musita el caos
Y se derrama la leche que atesora
la urdimbre de los cántaros.
Tú mi luna blanca
Precisa en la hendidura
diluida como un sorbo de vino
en este mar de calles y amarantos.
En ti habitan mis ángeles
La cópula incesante de los perros
el gemido de mis muertos.
Oigo pasar tus aguas donde un día pájaros de jade
se devoraron el callado acento de los peces
Ese olor como de alga frutecida que tenía la mañana.
Tú me oyes pasar
con mi rebaño de leopardos
Y mis lámparas vacías
Yo muerdo tu jardín de mirra
Tus corolas exhaustas.
Yo Me ovillo
Soy esta mujer llena de agujas
esa larga fiesta de muchachas nostálgicas
que se alimentan de corteza amarga.
Antes de que crezca la hierba en el desierto
Comeré de las nueces que habitan la hartura del alba
Calmaré mi fiebre buscando el amor entre los lobos.
Aparecerá el día con su hastío de horror
Yo seré una salamandra atravesando el puente
Los amantes se beberán la miel
Ungirán con sortijas de hojalata el chasquido de los besos
Los hacedores de dichas trazaran la lumbre
El resto de los hombres estallarán de ira en los semáforos
Irán a los comulgatorios con sus sexos sangrantes
Los suicidas no hablarán de sus culpas
Simplemente se atarán a su cuello el último poema
En las alcantarillas unas manos buscarán los ojos de la luna
El agudo chillido de los grillos.
Esta soy yo y me perfumé inmutable como el olvido
Esta la ciudad donde todo ocurre
Donde celebro y niego la vida
Donde ebria me yergo
Donde ebria como un sollozo
canta la muerte.