Poemas

Duerme en la calle sin más materia que el horror

sin más título que el cuerpo roto.
Bordea su antigua casa
que ahora es un parque
como una huella que abre impúdica
la ciudad: Usme, los Laches, las Cruces,
garrapatas en la montaña.
Su pupila rastrea
un lugar en el abandono de la plaza.
Pregunta por el sol
pero el sol se acuesta débil
agujas de agua cosen su oscuridad

Verdor

Tiene tiempo de embriagarse frente al árbol
sonrisa desdentada, callos en las manos.
Ojos que cuecen bulbos en el calor de la mirada
brotes de hojas que son manchas
ebrias de ocaso 

Toda la tarde  
el rayo quema la pierna
pero su cuerpo no lo sabe.
Tantas noches ya bajo la nieve:
visiones agudas, soledad en llamas.

 No soporta la cama ni el carboncillo

Pinta la selva
en el pavimento
con las uñas 

Alejandra

valió la pena  venir hasta tu puerta
desde el trópico en otoño.
Recoger esos soles del suelo, muertos
remolinos
y yo con el frío entre el abrigo 
y tú con la sombra en el pasillo
del 5 Avenue Victor Hugo.
Alejandra
regalarte los destellos de invierno
en las noches en que pintábamos
un valle alebrestado de chicharras
una selva que también era tu madre
le feu glacé qui mord sa queue.
Verte fue instantáneo
Alejandra,  hija del tiempo

Amandine el rencor de estar vivo a tu lado

en ese verano en que los locos
te pedían un poquito de
algo
en tu plaza de San Felip Neri.
Me levantaba
y veía a tus locos desocupando la fuente 
y tú fumando 
como si te fueras a quedar plantada en la ventana

Amandine
esta cosa pegajosa que te quieres  arrancar  
la vida

Indira

I.

Indira ríe y se abre el día en su frente
todo fuego  fulge alebrestado fulge 
ardor  brasa marina es la cara de Indira
cuando ríe  también es una planta.
De pronto, en la torcedura de sus labios,
mi infancia
sueño poroso, tierra áspera lunar   
se asoma
y  roba los labios de Indira 
y roba sus dientes: espejos diminutos. 
Me aferro a su gesto
porque en el gesto de Indira está su madre: Rosa
y Rosa, sus manos, son mi niñez

II.

El ausente

Bajas
a la calle y te pierdes
entre la multitud
Nada ha impedido
regresar o alejarte
Sigues la voz del viento
Nadie te ha nombrado
tu imagen
se aleja en el tiempo
No es justo conocer
y callar
La luna se desliza
por los tejados
Se quién eres pero olvidas
Alguien reclama
 tu presencia
Anochece
No sientes frío ni calor.

La vida

Como
la luz de invierno
va la vida extinguiéndose
La juventud
no es un concepto
es la materia que se esfuma
Lo que en mí acontece
y concierne a mi vida
Lo fugitivo
en íntimo vuelo
La mirada
que nace de la reflexión
Lo que en mí mismo se refleja
o permanece alejándose
Lo estético
al filo de la rosa
Lo que place a la razón
cuando exige
otra realidad

Santa Lucía

Subimos
a la colina más alta
de
Santa Lucía
Esta isla
no es pródiga en pájaros
asevera el guía
describiendo
en su imaginación
el brillo del paisaje
Al regresar
a la habitación
La mirada parece
retener la distancia
Vuelvo la vista
y el esplendor
continúa alejándose
completamente
azul
como el ala de un pájaro.

No ser otro

Siento nostalgia
de lo que no puedo ser
de lo que no he sido:
otro.
Y entro a lo que no es mío:

Por la puerta entornada
veo una señora de bata blanca
en mecedora,
y en un patio con flores.

Nostalgia del jardín
en el cemento.

Entro a la música
que sale por las ventanas
y en el aire sombras tenues.

A veces voy en el bus
desde donde se ven todas las cosas,
aleph de lo mismo en cada rostro.

Ser uno

El primer asomo de ir yendo hacia afuera
es ver los animales.

El segundo asomo
en la ventana de lo otro y lo mismo
es ver las plantas.

El tercero es ver a mi prójimo próximo.

El último asomo

es ver plantas, animales, personas,
y no distinguir si son,
o soy,
o es

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